lunes, 7 de diciembre de 2009

Pistorius dice:

"...¿No irá usted a creer que todos esos bípedos que andan por la calle son hombres solo porque anden derechos y lleven a sus crías nueve meses dentro de sí? Muchos de ellos son peces y ovejas, gusanos o ángeles; otros son hormigas , y otros abejas. En cada uno existen las posibilidades de ser hombre; pero sólo cuando las vislumbra, cuando aprende a hacerlas conscientes, por lo menos en parte, estas posibilidades le pertenecen."

"... Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que se encuentra en nosotros mismos. Lo que no está dentro de nosotros mismos no nos inquieta."

lunes, 30 de noviembre de 2009

NORTE - norte

Hace tiempo que siento esto. Sentimientos siempre me han traído confusiones. Siento que me falta un norte más. Tengo objetivos de vida, pero me siento un poco perdido.

Emociones quizás es lo que busco. Volver a enamorarme. Tener ese cosquilleo en el estómago. Ser otra persona soñadora que ya no tiene tantos pies sobre la tierra. Quizás quisiera perder tanta racionalidad que me domina.


Mi vida ahora se compone de una cierta incertidumbre y adaptación. Estoy en transición. De un lado para otro, pero sin dejar ninguno. He empezado a trabajar, a ganar dinero; y ahora pienso cómo podría haber vivido tanto tiempo sin hacerlo. Siento que avanzo, pero también siento inseguridad en mis pasos. Quizás estoy "quemando las naves"-como dice una amiga-, quizás simplemente me estoy adaptando y resulta que la adaptabilidad siempre me ha costado, no? En realidad no lo sé. Pocos cambios mi vida ha enfrentado. Podría enumerarlos con solo un par de dedos.

La entrada a la universidad, que fue una transición de años. La salida de la universidad, que aún se está concretando. La reconfiguración de mi familia, que fue un cambio y luego volvió a ser otra cosa parecido a lo que solía ser. Y creo que eso sería todo. Otro cambio fuerte en mi vida no ha sucedido.

Siento que tengo que avivar el fuego de la aventura que hay en mi. Ser más arrojado, ir más allá, tener más confianza... pero al mismo tiempo, siento que hay miles de cosas que me frenan. Entre ellas son mis inseguridades y cosas que me suceden a diario. Como por ejemplo, la hora de almuerzo en mi trabajo. Encuentro una lata esa vida social, si al fin y al cabo trabajo sólo con una persona. Nunca me ha gustado la hora de almuerzo.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Ayer y hoy

La nostalgia se apodera de mí.

Siempre ha sido así.

La nostalgia es una emoción que me gusta y me atrae mucho.

Las películas, la música, los libros; siempre está expuesta como un manjar de mi núcleo emocional.

Me gusta mucho esa mezcla de pena y añoranza de "tiempos que fueron mejores".

Que linda que es la nostalgia.

Quién más gusta de ella?

viernes, 16 de octubre de 2009

... a falta de pololo... buenos son los libros [=|=]



Hace un tiempo, quizás debido a la soledad, me he hecho acompañar de amigos que ahora se me hacen inseparables. Cual ratón de biblioteca, me he sumergido en la literatura que nunca leí y que siempre debí. Libros que en el colegio me hacían leer han llegado nuevamente a mis manos de vuelta desde mi abandonada y ahora popular biblioteca que bajo mi cama yace.

Quizás es un sucedáneo de compañía o quizás es la compañía que necesito. Algo insípida pero sabia. Creo que es lo que necesito sin más.

Hace un tiempo que me leía los tres libros que me quería leer por curiosidad. Buenos fueron los momentos que en mis viajes me acompañaron. En la micro, en el metro, en los aviones y en las playas. Bajo el sol y la luna leía día y noche. Sin ser un vicio, más una curiosidad por lo que leía en la misma página. No para saber que venía después, sino para saborear cada letra y cada oración que el romántico y sensible alma de escritor plasmaba en su libro.

Siempre he dicho que los libros de Milan Kundera me gustan por qué escribe para mi. Ahora creo que no sólo él lo hace. Hesse, Tolstoi, Saramago y muchos otros me han escrito más de una novela, y aquí estoy leyéndolas, por vez primera cada vez que las retomo.

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martes, 13 de octubre de 2009

Qué?... qué?!



En este tiempo mi vida no ha sido de lo más estable que quisiera que fuese. Ha sido una locura esto de estar haciendo el trabajo de título, sin mencionar el viajecito que me tomé a Rio de Janeiro a principio de semestre, faltando varias semanas a la universidad. No sé que voy a hacer con todo lo que tengo que hacer.



Los plazos se aproximan y no parezco tener más prisa del nulo interés que he tenido desde que llegué de Rio.



¿Qué es lo que quiero de la vida?, esa es la pregunta incesante que mi mente se cuestiona. Me cuesta encontrar lo que quiero.



Y hay cosas buenas en la vida, pero nada parece mejorar.



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domingo, 6 de septiembre de 2009

Una conversación cualquiera



- y ahora tas inventando tu príncipe??


- ya los he tenido, y he aprendido que no los necesito. Quizás me gustaría encontrar el "partner" que de repente he tenido, pero con el tiempo puedo decir que es mejor estar sólo.
El amor es un estado de locura e inconsciencia que no quiero repetir luego. Quizás debe ser donde estoy entre tanto limbo, saliendo de la universidad, entrando a trabajar, obteniendo más libertad, y con mayores alternativas a las cuales aplicar. Una pareja me arruinaría todo ese paisaje.
Aún así, a pesar de todo eso, estaría muy contento si es que recibo la sorpresa de que alguien bkn llegase a mi vida (que mamón xD), a pesar de lo que pienso. Son contradicciones con las que vivo.

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Sueño realidad

Anoche soñé con mi ex. Con ese que siempre menciono.
Soñé que soñaba con él. Soñaba que me rechazaba creo, o que me apartaba de cualquier esperanza de volver. El sueño en el sueño, es como lo que pienso en la realidad; pues creo que es eso lo que acontece hoy en día. A mi me gustaría estar a su lado, pero él está bien sólo. Yo también estoy bien solo, y no me gustaría estar con alguien, pero por él entregaría parte de mi libertad. Y eso que para mi, la libertad es como la vida, es como respirar. Irónico, pues ni siquiera creo que sea un sentimiento tan fuerte el que siento por él.
Siguiendo con el sueño, yo estaba soñando ese rechazo que tan consciente tengo, y luego me despiertan del sueño. Él es el que me "salva" de esa pesadilla, y me hace sentir como si hay una opción, pero en realidad no se cumplirá quizás nunca, o al menos no pronto.
Me levanto, caminamos y me doy cuenta que estamos en las calles cerca de mi casa, durante una tarde de finales de otoño o principios de primavera; cuando el calor del sol aún no se va, o cuando viene de vuelta.
Cuando llegamos a la esquina opuesta de mi casa, no me aguanto, y como una tapa que sale volando por la presión dentro de su envase, le confieso visceralmente lo que siento por él y dejo escapar un ansioso "te quiero".
Lo gracioso es que me desperté aliviado, como si de verdad hubiese estado con alguien a quien quiero mucho. Quizás el tipo de mi sueño no era mi ex que ha dado tantas vueltas en mi mente, sino era alguien más que aún no existe o que nunca existirá. No lo sé, pero lo sabré.
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miércoles, 19 de agosto de 2009

En el aeropuerto




Queda una hora para embarcar, y en mi memoria están todos los momentos que viví en esta ciudad maravillosa. Rio de Janeiro ha sido un hogar inolvidable durante este año. Es raro el volver tantas veces. Son sólo dos, pero es raro el tener la oportunidad de hacerlo tantas veces. Rio tiene una música que la hace inolvidable. Un sonido a carioca, a flora verde y fértil, a gente feliz, a playa y deportes, a pasión y un sentimiento que solamente se puede sentir con la viseras. Rio es una de mis ciudades favoritas, y siempre que la dejo es con lágrimas en mis ojos. Lamento el tener que irme de nuevo, el dejar esta ciudad no es más que una muerte repentina, que una vida no puede aguantar. Una vida eterna en Rio no sería tan terrenal. He dicho a los cariocas conocidos, que de repente no es tan bueno el conocer el paraíso, pues el resto parecerá infierno. El infierno no es Santiago, ni otra ciudad; el infierno es estar lejos de tanto movimiento, de tanta fiesta, de tanta felicidad. Hasta los menos agraciados tienen una felicidad en Rio. La vida es tan diferente por estos lares.

Ahora mirando a Santiago, recuerdo lo agradable que es tener una vida agradable, tranquila, armada y estable. La estabilidad de Santiago la dejaría por cualquier aventura, por cualquier emoción que destruya mi vida, mi corazón y mi alma. Masoquista puedo ser, y creo que en gran parte lo soy. Tengo ganas de llorar, pero mi inconsciente sabe que soy fuerte y que nada haré al respecto.
Santiago, con sonido a lluvia, olor a frio, y luz de invierno. Dejo el calor del trópico, de la gente y la felicidad, para volver a lo que llamo realidad. Será realmente esa mi realidad? Siempre que dejo Rio digo que no volveré, pues mucho la quiero. Ha sido como el joven que he ligado en Botafogo. Lo quise mucho, eliminó mi soledad, pero lo dejé, huí de él. La compañía no era tan real como la realidad a la cual quiero aspirar. Yo sabía que no iba a durar para siempre; y creo que no duraría aunque me quedará en Rio para siempre. Quise decidir yo antes de que el tiempo hablara por todos. El tiempo, el destino, el futuro no es el que decide por mí, soy yo el que aprieta el botón que lleva a una u otra alternativa.
Estoy feliz de haber venido a Rio de nuevo, y es cierto que la segunda vez no es tan buena como los recuerdos de la primera; pero al mismo tiempo siento que la segunda vez fue mejor que la primera. Siento que no hice mucho, recorrí poco, pero descansé bastante. Sólo playa, un par de fiestas y nada más. Pero Rio es solamente eso: playa, fiestas, deportes y gente feliz. Rio es un paraíso para disfrutar, no es para trabajar ni morar.
Quiero volver por mucho tiempo. Pero ¿qué es volver?, ¿volver es quedarse para siempre?, ¿es “hasta que la muerte nos separe”? No sé. Pienso que más que un concepto, es una sensación dentro de uno, una calma que se siente dentro. Es llegar de nuevo sin tener retorno, es una entrega de la libertad a un lugar que no es cotidiano. Dar la libertad de la salida, a cambio de la eterna estadía. ¿Alguna vez volveré hasta la muerte? Creo que muchas preguntas, en mí no tienen respuesta. Tampoco sé si preciso de una respuesta. Cómo todo científico, el personaje que soy yo, precisa satisfacer cada pregunta dándole una respuesta definitiva. Mas creo que es una simple onda de ir y de venir pensamientos que finalmente no llegan a mayor profundización. Es simplemente un vómito de palabras con algo de sentido y sonido profundo, que en realidad nada significan.
Ahora que me voy, el tiempo no pasa volando. No me gusta esperar, no me gusta vivir en el futuro. No me gusta el estar pendiente de lo que sucederá en vez de estar pendiente de lo que estoy viviendo. Debería de gozar el olor diferente del aire acondicionado del aeropuerto, el raro color del cielo fuera de las ventanas de la zona de embarque, la pista de aterrizaje vacía y las mangas desconectadas de cualquier avión que podría estar. Vivir el presente, cuando el presente representa lo que es el futuro, es difícil. Siento que el ahora es una extensión de lo que pasará después, y claro que lo es.
No me gusta vivir en un mundo que vive desde el mañana.

viernes, 7 de agosto de 2009

Viernes... qué hacer?




Siempre se me ha hecho más fácil el escribir lo que tengo que pensar, en vez de pensar sin poner las cosas sobre un papel.


Tengo la oportunidad de ir a una fiesta, con un extraño y sus amigos. Por un lado está la opción de ir y gastar un montón de dinero, que quizás necesite a futuro, o simplemente pensar en el presente y después decir “Dios proveerá”.

Siempre he sido muy conservador, siempre muy provisorio. Recuerdo cuando estaba en el aeropuerto, o antes de llegar a él, pensaba en que este viaje sería diferente y que aprovecharía las cosas de otra forma, pero creo que lo que tengo que hacer es aprovechar las cosas pensando en las cosas que quiero.
Desmenuzando un poco: aprovechar, se refiere a las “oportunidades que te da la vida”. En este caso, estando en un país extranjero, debería de arriesgarme un poco más (en cuando a las experiencias sociales) y dar ese paso que nunca suelo dar. Quizás no pensando con la cabeza simplemente, sino combinando todas las cualidades que puedo explotar en mí. Mi inteligencia, mi intuición, mi espíritu hambriento de aventura, y las ganas de hacer algo nuevo y conocer gente nueva. Discriminando siempre, entre lo que quiero y no quiero, sin repetir errores anteriores y sin obsesionarse con actividades (deportes). Sin hacer correlaciones que pudieran no existir en la realidad.

jueves, 6 de agosto de 2009

Martes noite

No estoy acostumbrado a escribir de forma relajada. Siempre suelo tener algo que me impulsa a lanzar letras de mis dedos. Es como una libre asociación de palabras que quieren estar juntas sobre un papel.
Hay veces que tengo cosas que decir, pero no las digo, pues no tengo ganas de escribir, o no sé cómo expresarlo.

De repente escribo y escribo, con una falta de inspiración tremenda, y veo lo simple de todo y lo borro.
Ayer salí con un chico. Es uno nuevo, con el que me decidí a decirle que saliésemos por Santiago a tomarnos algo. Un café, un jugo. Luego sushi y una ensalada para mí. Una noche relajada, en medio del invierno santiaguino que no se deja ver del todo frío.

En Rio con lluvia

En Rio, con lluvia, en un departamento en donde quizás no quiero estar, pero acá en el paraíso, con gente que no es exactamente la más apropiada. Esperando que la vida cambie un poco las condiciones de este viaje. El tiempo dirá que cosa sucederá.

Esta segunda venida a Rio de Janeiro, ha sido totalmente diferente a la primera. Ahora es invierno, ya no hay tanto turista como antes. Tampoco está lleno de fiestas por doquier, no tengo internet en el departamento, la compañía no es buena, tengo muy poco dinero, mucha hambre y no tanto ánimo de hacer tantas cosas. El movimiento no llega como en verano, y la temporada hace que el sol se oculte muy temprano.

Aún no son ni las nueve de la noche, y el sueño ya me ha asaltado hace mucho tiempo. Me tienta con la tranquilidad de una cama, el abrigo y la calma de lo que me depara Morfeo.

Llueve y llueve en Rio. El sonido del agua cayendo en el balcón, es como una catarata que rompe en las baldosas que en la mañana, cono de costumbre, recibían la luz del sol cálido del verano brasilero.

Llueve y me acuerdo de los días de lluvia en Santiago, en mi casa, en el auto, en mi bicicleta, en los techos en donde me refugié, y en las gotas que también me tocó recibir muchas veces entre la universidad y el paradero, y en otros muchos recorridos por la ciudad. Debajo de un paragua, y no sólo bajo un techo seguro. Con los pies mojados y con la esperanza de llegar pronto a casa.

Momentos como los de lluvia, son tan poco frecuentes, que son difícilmente olvidables. Que lluvia en Rio ya me había tocado, no es la primera vez que me sucede esto. Se podría decir que es la segunda que me sorprende, pero es la primera que vivo en invierno.

Y sigo, no sé lo que hago por estos lados de Sudamérica. Quizás, como diría Raúl, si hubiera jugado mejor las cartas, estaría haciendo otras cosas, o estaría en otro lado. Al fin y al cabo, cuáles son mis intereses y objetivos de vida? Acaso no quiero vivir nuevas experiencias, sobreponerme a nuevos problemas, superar diversas cuestiones de la vida. Ahora estoy en búsqueda del mundo, viendo lo que sucede en otras partes, y como se siente el hacer algo que necesitaría mucha más planificación de la que en realidad le dediqué. Ha sido algo loco que nunca lo pensé hacer con anterioridad.

Casi que en un reconto un tanto pobre, sigo contando el principio.

Pues qué hago en Rio. La historia es simple, un amigo me compró el ticket de avión, y no me pude negar. Pero ¿qué clase de amigo regala un ticket de avión? Y la frase de “nada en la vida es grátis” me viene a la mente. La aceptación del regalo, viene con la implícita obligación de fidelidad a la compañía y de la renuncia a la libertad. Pero como lo implícito no me agrada, ni lo acepto como cierto, simplemente no firmé ni firmaré ese contrato, y haré lo que quiera, pues aún tengo esa libertad que nunca me ha abandonado. Nunca firmé ningún contrato ni tengo que ceptar algo que nunca se dijo. Yo hago y haré lo correcto.

miércoles, 22 de julio de 2009

Días de lluvia.

Días de lluvias y bocinas de autos, me hacen recordar hace años, en el que aprendí a manejar. Recuerdo las calles, el olor, la emoción y también, cómo no, recordar la motivación que me llevó a tomar, en vacaciones de invierno, un curso de manejo.

En esos días mi novio de turno se fue a Europa; el mismo tipo que ha vuelto a mi vida hace un tiempo, sin mostrar señales de vida hasta el momento. Que ese reencuentro fue solo una ventana fugaz entre el tiempo pasado y el actual. Hasta ahora no lo he visto, pues se ha tomado vacaciones y parece no querer retornar a Stgo luego.

Por ese amor de otoño fue que me decidí aprender a manejar. Traicionando mis principios, y dejando de lado mi bicicleta, me puse pié en el pedal y empecé a practicar.

Entre bocinas y charcos, a 40km/h aceleraba “raudo” por la ciudad. Al principio es cierto que me costó montón, pero luego del tiempo le tomé el ritmo.

La intensión era ir a buscar a mi novio al aeropuerto cuando llegara de su viaje. Finalmente nunca lo hice, y no es que hayamos terminado antes, pues nuestra relación se extendió mucho después de su llegada. Los padres fueron los que lo recibieron, yo simplemente me hice a un lado, teniendo en claro mi papel secundario.

domingo, 19 de julio de 2009

En un rebaño no quiero estar



De una conversación:


...pero en fin, creo que las personas no somos clasificables creo que no existe la homosexualidad tampoco... todo eso es teoría para tratar de entender las cosas uno empieza encasillándose en lo que se parece, y luego termina siéndolo en vez de asimilarse a esa descripción esos prejuicios creo que ayudan a que todos terminemos siendo muy parecidos y a que gente como yo, quiera diferenciarse aún más...

sábado, 4 de julio de 2009

Despertar – Lust or Love




Después de toda esta experiencia con mi ex, me di cuenta, después de ir a un carrete ayer, que ha pasado algo muy contradictorio en mí.

Contextualicemos un poco. Hace unos días tuve un reencuentro con mi ex. Mi mente ya se había hecho una idea. Después de esa cita, y todos esos besos, mi mente lo único que logró poner en rumbo fue la idea de una relación estable, quizás. Volver con mi ex, y volver a la monogamia tan menoscabada.

Teniendo ese concepto en mente, el sentirse “no disponible”, el estar cómodo con la “soltería momentánea”; salí a carretear. Ahí, ya en el meollo del asunto sentí que el deseo más carnal salía a flote, y la idea de la monogamia se fue enterrando cada vez más.

No quiero contar mucho lo que anoche sucedió, pues no hubo nada como un beso, o algo “raro”, sólo un coqueteo con un niño que hace tiempo conozco y lo considero un buen amigo. Sólo eso. Pero lo importante y preocupante es la pregunta que hasta ahora no tiene respuesta dentro de mi mente. ¿Quiero volver? Da lo mismo si la posibilidad existe o no. Recuerdo también escuchar a mi ex, que estaba super bien como un soltero más de esta ciudad. Pero, obviando eso, ¿Quiero empezar una relación? ¿Quiero establecerme?

Hay otro problema que mi mente clama de vez cada tiempo. Tengo la creencia, en mi mente (repito), de que este ex, debido a lo que sentí el otro día que nos juntamos, que es el que seguirá conmigo para siempre. Él es como mi pareja de la vida. Es el wn que sé es el correcto para decir “hasta que la muerte nos separe”… pero ¿será ahora el momento?

Con esto, tengo dos opciones: seguir soltero por la vida, jugando al conquistador que me gusta ser; o “madurar” un poquito, sentar cabeza, y tomar el premio mayor.

No sé si seguir con la lujuria o con el amor ¿?

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viernes, 3 de julio de 2009


No me es muy normal hacer esto de contar abiertamente y con detalle una historia, por eso no sé si resultará del todo bien. Pero intentaré dar una luz con respecto a lo sucedido el pasado 1° de Julio.

Antes, quisiera referirme a eso, a la fecha cuando sucedió. No lo he analizado nada, pero conozco gente que tuvo algo como un “unión” ese día. Habrá sido un día especial? Veamos, 1° de Julio 2009; eso significa 1/07/2009 = 1+7+2+9 = 19 = 1+9 = 10. El diez es uno más cero. Uno es identidad, es uno. Uno es yo, y el diez es el yo con nada más que sí mismo, no? En fin, al parecer la fecha no tiene mucho sentido. Quizás es el cierre del ciclo del 2008 (2+8 = 10).

Volviendo a lo que me sitúa frente a este computador, como dije ya, intentaré extraer todo recuerdo que me quede de esa tarde-noche.

Ese día en la mañana, le envié un mensaje a mi ex, diciendo que lo iría a buscar al trabajo. Decidí hacerlo temprano, para que tuviera oportunidad de estar tan preparado como yo para la ocasión, y no estar en desventaja frente a mí. Ese mensaje lo envié bien temprano, cuando iba en la micro camino a la universidad, alrededor de las 7 de la mañana. Y, ¿cómo es que se me ocurrió enviarle ese mensaje de la noche a la mañana? Pues, con anterioridad, me había respondido un mensaje que envié a un montón de gente. Envié algo así como una “cadena”. Era un videíllo que quería que mis conocidos disfrutaran. Y bueno, él lo respondió y ahí empezó algo como un dialogo y quedamos en juntarnos.

Siguiendo con la historia, ese día hice lo cotidiano sin más. Y a eso de las 14°° suena mi celular con su nombre. Yo estaba recién almorzado, con mis amigos dentro de uno de los edificios de mi universidad. Contesto super distraído y casi sin escuchar, a pesar de que le oía muy bien. Sin intención de ignorarlo, sino que estaba “interrumpiendo” mi momento. Con el llamado algo me dijo que salía a una hora y que no salía a la hora que pensaba… Al final quedamos a las 19°° en la estación de metro que queda junto a su trabajo.

Continuando con mi día, fui a dar mi examen que comenzaba a las 14°°, y sin mucha distracción lo finalicé bien temprano, como a las 15°°. Eso significaba que tenía cuatro horas para esperar la supuesta cita. Sin ansiedad, esperé en los computadores de mi facultad; pero antes de eso, retuve la mayor cantidad de tiempo a mis compañeros que ya no tenían nada más que hacer, como para acortar la brecha entre hacer nada esperando y el encuentro con mi ex.

Como a las 18°° ya no aguanté más en la sala de computadores. Ya había hecho de todo, hasta un texto había escrito. Cuando salí me encontré con un compañero y también intenté sacar provecho de la situación y conversamos un par de minutos solamente pues él tenía clases. Sin más me fui caminando a la cercana estación, con la esperanza de caminar lo suficientemente lento para llegar justo a la hora, o quizás algunos minutos pasados.

Caminando caminando, hacia la estación de encuentro. Sacando fotos por el camino, y viendo los posibles escenarios enmarcables dentro de mi lente, caminaba mirando de un lado a otro, fijándome en cada raro detalle digno de destacar dentro de, la ya, oscura y fría ciudad. Caminé hasta hallar un banco acogedor frente a una comisaría de carabineros. Me senté y saqué a “Narciso y Goldmundo”. Leí con gran distracción esta vez. El frío molestaba, la gente que caminaba frente a mí también me distraía. El poco sudor generado por el roce de la mochila contra mi espalda se congelaba y me incitaba a terminar de leer e irme de ahí. No me abrigué más ni me moví mientras el tiempo no avanzaba. Leía ahí sentado solo, mientras veía a algunos curiosos que alzaban sus ojos en mi dirección. Pasaron las horas y me decidí en marchar, lentamente hacia el punto de encuentro.

Con diez minutos de adelanto llegué. Me puse en el paradero y me apoyé como si estuviese esperando una micro. Escuchaba mientras radio y así el tiempo se me pasó volando. Con un par de minutos de atraso lo llamé. Él estaba cruzando la calle, en su “oficina”. Me dijo que bajaba “al tiro”. Le sugerí esperarlo por su vereda. Crucé bajo tierra la calle, y seguí esperando del otro lado, sin saber por dónde aparecería y deseando que se viese bien.

Rato esperé. No una eternidad, pero tiempo fue. No vi el reloj, estaba pendiente de su llegada y de mi nariz que se derretía con el frío de la noche que ya había llegado.

Sin mucha multitud apareció con un largo abrigo grueso y un bolso en su mano. Abrigado y guapo. Me alegró verle. Le saludé, lo abracé. En ese momento me ausenté. Yo no estaba ahí, solo mi cuerpo seguía los códigos sociales. Terminó el abrazo y volví.

Caminamos, sin rumbo por unos pasos. Él me dijo “a dónde vamos?”, yo respondí “a ninguna parte”. Sugirió invitarme a un restaurant a comer sushi. Lo seguí por una calle principal, y hablamos de lo que él estaba haciendo en su trabajo.

Llegamos al lugar sugerido, elegí donde sentarnos. Un sillón extenso y una mesa pequeña. Luces no muy altas que luego de un tiempo bajaron en intensidad. Pedimos pisco sour y unos pocos rolls, sin mucha hambre de por medio.

El trago llegó, las lenguas se empezaron a soltar.

No recuerdo mucho de qué hablamos, pero sí de lo mucho que nos mirábamos. Hablamos de la familia, de irse a vivir solos, de proyectos de vida, deseos a futuro, de cómo ha pasado el tiempo, de los padres, los hermanos, las responsabilidades, de lo bien que nos sentíamos, de lo poco que queríamos cambiar nuestra condición de solteros.

Con respecto a eso último, después de varios sorbos del trago, él viene y me pregunta, “y cómo está el corazón?” Ni recuerdo lo que le contesté, pero me pareció totalmente audaz su pregunta y algo curiosa. Quizás la respuesta no estaba en mí, pero de todos modos le contesté que estaba bien y tal.

Él me contaba que estaba super bien, y que prefiere estar soltero. Yo no muy convencido de mí, le digo que yo disfruté el estar soltero, pero que ahora lo había meditado de otra forma. Recuerdo que me sentí un tanto desesperado, al ver que me decía que pasaría su vida “pololeando con su trabajo”, pues es eso lo que entendí de lo que me dijo.

En fin, diálogos y más diálogos. Entre cada uno de ellos, después de la segunda copa de sour, veía su mano sobre la mesa, como un tigre mira a su presa entre la yerba. Quería tomársela, hacerla mía. Quería ser más obvio con respecto a mi sentir, y no tan solo dejar las cosas dentro de un coqueteo simplón. Al parecer, el alcohol no fue el suficiente, o la noche no se alargó tanto.

Se acabó el sushi, la segunda copa se vació y decidimos pedir la cuenta. Salimos del local, y caminamos por unas callecillas hasta llegar al centro. Caminamos bastante, durante como veinte minutos o más. En cada parada, lo miraba, con ganas de robarle un beso. No lo hice, a pesar de lo cerca que estuvimos. Caminamos, hablamos y bromeamos hasta llegar al paradero. Quería besarlo, pero simplemente hubiese sido raro en ese momento.

Subimos a la micro, nos sentamos en unos asientos detrás de otros altos. Algo ocultos, como últimos pasajeros, uno junto al otro. La jornada había sido larga y ya era algo así como las 23°°, y el sueño me atraía cada vez más. Como tanteando el terreno, le pasé mi brazo por debajo del suyo, hasta entrelazarlo, y apoyé mi cabeza en su hombro. Sólo quería saber la respuesta ante ello. ni un minuto permanecí así, diciendo que tenía sueño. Me levanté, de su hombro, y repitiendo la frase que alguna vez él me dijera cuando nos besamos por primera vez, le di un beso. Sentí mucho que no había sentido con ningún otro recuerdo. Mi estómago, mis hormonas bailaban dentro de mí. Mis labios repitieron la incursión. Mis manos en su cara, y nuestras lenguas jugando dentro de ese beso que había pertenecido al pasado, hicieron reaparecer la esperanza de que me podría gustar alguien.

Entre abrazos, besos y un par de palabras llegamos hasta mi bajada. Nos despedimos sin saber del próximo encuentro. La despedida podría haber sido para siempre… eso aún no lo sé.

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La Cita




No me es muy normal hacer esto de contar abiertamente y con detalle una historia, por eso no sé si resultará del todo bien. Pero intentaré dar una luz con respecto a lo sucedido el pasado 1° de Julio.

Antes, quisiera referirme a eso, a la fecha cuando sucedió. No lo he analizado nada, pero conozco gente que tuvo algo como un “unión” ese día. Habrá sido un día especial? Veamos, 1° de Julio 2009; eso significa 1/07/2009 = 1+7+2+9 = 19 = 1+9 = 10. El diez es uno más cero. Uno es identidad, es uno. Uno es yo, y el diez es el yo con nada más que sí mismo, no? En fin, al parecer la fecha no tiene mucho sentido. Quizás es el cierre del ciclo del 2008 (2+8 = 10).

Volviendo a lo que me sitúa frente a este computador, como dije ya, intentaré extraer todo recuerdo que me quede de esa tarde-noche.

Ese día en la mañana, le envié un mensaje a mi ex, diciendo que lo iría a buscar al trabajo. Decidí hacerlo temprano, para que tuviera oportunidad de estar tan preparado como yo para la ocasión, y no estar en desventaja frente a mí. Ese mensaje lo envié bien temprano, cuando iba en la micro camino a la universidad, alrededor de las 7 de la mañana. Y, ¿cómo es que se me ocurrió enviarle ese mensaje de la noche a la mañana? Pues, con anterioridad, me había respondido un mensaje que envié a un montón de gente. Envié algo así como una “cadena”. Era un videíllo que quería que mis conocidos disfrutaran. Y bueno, él lo respondió y ahí empezó algo como un dialogo y quedamos en juntarnos.

Siguiendo con la historia, ese día hice lo cotidiano sin más. Y a eso de las 14°° suena mi celular con su nombre. Yo estaba recién almorzado, con mis amigos dentro de uno de los edificios de mi universidad. Contesto super distraído y casi sin escuchar, a pesar de que le oía muy bien. Sin intención de ignorarlo, sino que estaba “interrumpiendo” mi momento. Con el llamado algo me dijo que salía a una hora y que no salía a la hora que pensaba… Al final quedamos a las 19°° en la estación de metro que queda junto a su trabajo.

Continuando con mi día, fui a dar mi examen que comenzaba a las 14°°, y sin mucha distracción lo finalicé bien temprano, como a las 15°°. Eso significaba que tenía cuatro horas para esperar la supuesta cita. Sin ansiedad, esperé en los computadores de mi facultad; pero antes de eso, retuve la mayor cantidad de tiempo a mis compañeros que ya no tenían nada más que hacer, como para acortar la brecha entre hacer nada esperando y el encuentro con mi ex.

Como a las 18°° ya no aguanté más en la sala de computadores. Ya había hecho de todo, hasta un texto había escrito. Cuando salí me encontré con un compañero y también intenté sacar provecho de la situación y conversamos un par de minutos solamente pues él tenía clases. Sin más me fui caminando a la cercana estación, con la esperanza de caminar lo suficientemente lento para llegar justo a la hora, o quizás algunos minutos pasados.

Caminando caminando, hacia la estación de encuentro. Sacando fotos por el camino, y viendo los posibles escenarios enmarcables dentro de mi lente, caminaba mirando de un lado a otro, fijándome en cada raro detalle digno de destacar dentro de, la ya, oscura y fría ciudad. Caminé hasta hallar un banco acogedor frente a una comisaría de carabineros. Me senté y saqué a “Narciso y Goldmundo”. Leí con gran distracción esta vez. El frío molestaba, la gente que caminaba frente a mí también me distraía. El poco sudor generado por el roce de la mochila contra mi espalda se congelaba y me incitaba a terminar de leer e irme de ahí. No me abrigué más ni me moví mientras el tiempo no avanzaba. Leía ahí sentado solo, mientras veía a algunos curiosos que alzaban sus ojos en mi dirección. Pasaron las horas y me decidí en marchar, lentamente hacia el punto de encuentro.

Con diez minutos de adelanto llegué. Me puse en el paradero y me apoyé como si estuviese esperando una micro. Escuchaba mientras radio y así el tiempo se me pasó volando. Con un par de minutos de atraso lo llamé. Él estaba cruzando la calle, en su “oficina”. Me dijo que bajaba “al tiro”. Le sugerí esperarlo por su vereda. Crucé bajo tierra la calle, y seguí esperando del otro lado, sin saber por dónde aparecería y deseando que se viese bien.

Rato esperé. No una eternidad, pero tiempo fue. No vi el reloj, estaba pendiente de su llegada y de mi nariz que se derretía con el frío de la noche que ya había llegado.

Sin mucha multitud apareció con un largo abrigo grueso y un bolso en su mano. Abrigado y guapo. Me alegró verle. Le saludé, lo abracé. En ese momento me ausenté. Yo no estaba ahí, solo mi cuerpo seguía los códigos sociales. Terminó el abrazo y volví.

Caminamos, sin rumbo por unos pasos. Él me dijo “a dónde vamos?”, yo respondí “a ninguna parte”. Sugirió invitarme a un restaurant a comer sushi. Lo seguí por una calle principal, y hablamos de lo que él estaba haciendo en su trabajo.

Llegamos al lugar sugerido, elegí donde sentarnos. Un sillón extenso y una mesa pequeña. Luces no muy altas que luego de un tiempo bajaron en intensidad. Pedimos pisco sour y unos pocos rolls, sin mucha hambre de por medio.

El trago llegó, las lenguas se empezaron a soltar.

No recuerdo mucho de qué hablamos, pero sí de lo mucho que nos mirábamos. Hablamos de la familia, de irse a vivir solos, de proyectos de vida, deseos a futuro, de cómo ha pasado el tiempo, de los padres, los hermanos, las responsabilidades, de lo bien que nos sentíamos, de lo poco que queríamos cambiar nuestra condición de solteros.

Con respecto a eso último, después de varios sorbos del trago, él viene y me pregunta, “y cómo está el corazón?” Ni recuerdo lo que le contesté, pero me pareció totalmente audaz su pregunta y algo curiosa. Quizás la respuesta no estaba en mí, pero de todos modos le contesté que estaba bien y tal.

Él me contaba que estaba super bien, y que prefiere estar soltero. Yo no muy convencido de mí, le digo que yo disfruté el estar soltero, pero que ahora lo había meditado de otra forma. Recuerdo que me sentí un tanto desesperado, al ver que me decía que pasaría su vida “pololeando con su trabajo”, pues es eso lo que entendí de lo que me dijo.

En fin, diálogos y más diálogos. Entre cada uno de ellos, después de la segunda copa de sour, veía su mano sobre la mesa, como un tigre mira a su presa entre la yerba. Quería tomársela, hacerla mía. Quería ser más obvio con respecto a mi sentir, y no tan solo dejar las cosas dentro de un coqueteo simplón. Al parecer, el alcohol no fue el suficiente, o la noche no se alargó tanto.

Se acabó el sushi, la segunda copa se vació y decidimos pedir la cuenta. Salimos del local, y caminamos por unas callecillas hasta llegar al centro. Caminamos bastante, durante como veinte minutos o más. En cada parada, lo miraba, con ganas de robarle un beso. No lo hice, a pesar de lo cerca que estuvimos. Caminamos, hablamos y bromeamos hasta llegar al paradero. Quería besarlo, pero simplemente hubiese sido raro en ese momento.

Subimos a la micro, nos sentamos en unos asientos detrás de otros altos. Algo ocultos, como últimos pasajeros, uno junto al otro. La jornada había sido larga y ya era algo así como las 23°°, y el sueño me atraía cada vez más. Como tanteando el terreno, le pasé mi brazo por debajo del suyo, hasta entrelazarlo, y apoyé mi cabeza en su hombro. Sólo quería saber la respuesta ante ello. ni un minuto permanecí así, diciendo que tenía sueño. Me levanté, de su hombro, y repitiendo la frase que alguna vez él me dijera cuando nos besamos por primera vez, le di un beso. Sentí mucho que no había sentido con ningún otro recuerdo. Mi estómago, mis hormonas bailaban dentro de mí. Mis labios repitieron la incursión. Mis manos en su cara, y nuestras lenguas jugando dentro de ese beso que había pertenecido al pasado, hicieron reaparecer la esperanza de que me podría gustar alguien.

Entre abrazos, besos y un par de palabras llegamos hasta mi bajada. Nos despedimos sin saber del próximo encuentro. La despedida podría haber sido para siempre… eso aún no lo sé.

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miércoles, 1 de julio de 2009

TOGETHER...


Aprovechando el tiempo que tengo quisiera dedicarlo a escribir algo. ¿Cómo es que tengo tiempo? Es que he decidido juntarme con mi ex hoy. Después de su trabajo, lo pasaré a buscar, y ver que sale. No lo he pensado mucho, y si lo pensara quizás no lo haría. Quizás no me juntaría con él, o quizás simplemente lo dejaría de pensar por el sinsentido que eso hace.

Hace un tiempo, después de más de un año de haber terminado con él, decidí llamarlo con la excusa de devolverle un par de cosas que tenía, y verlo de paso. Finalmente no le devolví sus cosas, pero sí me junté con él. No tengo mucho recuerdo de lo que sucedió ese día. Lo que queda en mi memoria es que nos juntamos un día de primavera, en la estación Quinta Normal, justo a la entrada del parque. De ahí caminamos hasta que las piernas se agotaron. Un par de veces nos sentamos hasta que llegamos a plaza Italia. Fue rara la experiencia del reencuentro. Ya todo estaba en el pasado. Los besos y buenos momentos, aún se recordaban, pero algo le decía al presente, que el pasado no quería repetirse. Esa vez no fue más que una cálida conversación, no tan lejana como me la había imaginado tiempo antes. Fuimos como un par de buenos amigos compartiendo de una tibia tarde de fines de primavera.

Recuerdo que fue antes de mi cumpleaños en Diciembre. Ese año no me llamó ni me mandó mensaje alguno.

Antes de despedirnos en la micro, le dije si quería ir a mi casa, pues quería estar con él más tiempo. Sentía esa conexión absorbente que siempre generó en mí. Él me dijo que no quería visitar mi casa; no se quería encontrar con mi mamá y todos los recuerdos que ese espacio representaba para él. Esa noche terminó ahí sin más.

Ahora la historia vuelve a ese punto de incertidumbre de qué será lo que pasó. Cómo estará?, más gordo, más flaco, mejor, peor? Todo es un enigma por ahora. Segunda vez que lo veré después de dos años y algo más de haber terminado.

No sé por qué hago estas cosas…

sábado, 13 de junio de 2009

Siesta


Después de una siesta, hace tiempo, me pasó algo como esto: "Cuando Goldmundo volvió en sí, era ya de noche. Sentía la cabeza vacía y atontada. Se sentía tendido en un lecho; no sabía dónde estaba y tampoco pensaba en eso, le era indiferente. Pero ¿en dónde había estado? ¿De dónde venía, de qué lugar de extraños acaecimientos? En alguna parte había estado, muy lejana, había visto algo, algo extraordinario, espléndido, terrible también e inolvidable... a pesar de lo cual lo había olvidado. ¿Dónde fue? ¿Qué era lo que había aparecido delante de él, tan grande, tan doloroso, tan dichoso, y que luego se había desvanecido?"

Relato de "Narciso y Goldmundo", luego de que Goldmundo despertase de un desmayo ocasionado por una fuerte tensión.

"Narciso y Goldmundo" - Hermann Hesse.

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Recuerdo que cuando me desperté de una siesta me hice la pregunta más extraña que hasta ahora me he hecho alguna vez. Me pregunté el por qué estaba vivo; en realidad la pregunta fue "¿por qué no estoy muerto?". Para mi fue rarísimo. No sé como me sentí, ya que fue hace mucho tiempo. Ahora con el texto de Hermann Hesse, se ha revivido en mi ese momento, donde desperté exaltado después de haberme acostado con el sol y despertado a oscuras.
¿A ustedes les ha pasado? ¿seré yo el único raro?
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viernes, 12 de junio de 2009

Descansando en el desierto



"Narciso y Goldmundo" - Hermann Hesse


"... Así, por ejemplo, conocer a un individuo es descubrir en él aquellas notas que lo distinguen de los demás."

"No podremos acercarnos por ningún camino (...) Nuestra tarea no consiste en aproximarnos, como no se juntan el sol y la luna, ni el mar y la tierra. Nosotros, caro amigo, somos el sol y la luna, el mar y la tierra. Nuestro objetivo no es el cambiarnos uno en otro sino el conocernos mutuamente y acostumbrarnos a ver y venerar cada cual en el otro lo que él es, la pareja y el complemento."

"Debes acostumbrarte a que sólo te tome en serio a ti mismo... En ti tomo en serio lo esencial y necesario..."

"Te tomo en serio cuando eres Goldmundo. Pero no siempre eres Goldmundo. Y lo único que anhelo es que seas total y enteramente Goldmundo. Tú no eres un erudito ni un monje; un erudito o un monje pueden hacerse de una madera inferior. Crees que te tengo por poco ilustrado, poco versado en lógica o por poco piadoso. En modo alguno; pero, a mi ver, no eres lo bastante tú mismo."

"...Nada más en una cosa yo te aventajo: yo estoy despierto mientras que tú lo estás tan sólo a medias y, a veces, duermes por completo. Llamo despierto a aquel que, con la razón y a conciencia, se conoce a sí mismo y conoce sus más íntimas fuerzas, impulsos y flaquezas irracionales, y sabe contar con ellas. El aprender esto es el sentido que para ti puede tener nuestro encuentro. En ti, Goldmundo, el espíritu y la naturaleza, la conciencia y el mundo de los ensueños se hallan muy distanciados. Has olvidado tu infancia, y ella desde el hondón de tu alma te solicita. Y te hará sufrir hasta que le prestes oídos... Lo serás (superior a mí) en cuanto te hayas encontrado a ti mismo."

"... La naturaleza de los de tu tupo, los que tienen sentidos fuertes y finos, los iluminados, los soñadores, poetas, amantes, son, casi siempre, superiores a nosotros, los hombres de cabeza. Vuestra raíz es maternal. Vivís de modo pleno, poseéis la fuerza del amor y de la intuición. Nosotros, los hombres de intelecto, aunque a menudo parecemos conduciros y regiros, no vivimos plenamente sino de modo seco y descarnado. Es vuestra la plenitud de la vida, el jugo de los frutos, el jardín del amor, la maravillosa región del arte. Vuestra patria es la tierra y la nuestra la idea. El peligro que os acecha es el de ahogaros en el mundo sensual; a nosotros nos amenaza el de asfixiarnos en un recinto sin aire. Tú eres artista y yo pensador. Tú duermes en el regazo de la madre y yo velo en el desierto. Para mí brilla el sol y para tu la luna y las estrellas; tú sueñas con muchachas y yo con mancebos..."

Uno de los primeros diálogos entre Narciso y Goldmundo. Narciso es el que se dirige a Goldmundo en cada uno de los párrafos, revelándole parte de su pensar.

"Narciso y Goldmundo" - Hermann Hesse

sábado, 18 de abril de 2009

Vivi o muri?...

Hacerse cargo. Mi pega eterna. Tomar responsabilidad sobre cosas que no son mías.
Es una pena. Siempre pasa lo mismo. Prejucio tras juicio.
Es necesario pensar las cosas. Ser existencialista. Por qué no ser simplista?
Me gusta ser complicado, enmarañado; todo un problema andante. Sí, ese soy yo, alguien especial que tiene problemas más importantes que la gente común. Nunca he sido enterrado vivo, o amenazado de muerte; pero he sufrido de una manera diferente.
Físicamente no me conozco. El reflejo de un espejo es un extraño para mí. Mi cuerpo es ajeno a mi conocimiento. No hay una conexión con la realidad física.
Hoy me siento un poco deprimido, y es verdad, no me conozco, no sé quién soy. Enfrentar las cosas desde el desconocimiento es como correr en un bosque frondoso, a toda velocidad; en una noche de luna nueva. No importa lo raudo que vaya, siempre los arboles van condicionando mi camino. La gran velocidad se transforma en estancamiento, y finalmente en parálisis total. No hay motor que empuje, tal falta de movimiento que detiene mi andar. Quiero llegar al otro lado, pero no sé que es lo que no me deja atravesar.
Es cierto, me fascinan las metáforas, y podría contunuar, que también en coplas me gusta argumentar. Es algo tonto, pero me suelo emocionar, al repetir los finales como un tonto cantar.
En fin, creo que he de terminar.
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lunes, 13 de abril de 2009

Rutina Ruína

Hace tiempo que me pasa lo mismo. Despierto por las mañanas y hago lo que tengo que hacer, y simplemente no me pregunto que es lo que quiero. Si es que llego a ese punto misterioso en donde las dudas comienzan a nacer y mi mente a cuestionar, termino por no hacer lo que en un principio debía hacer. Ahora quiero hacer algo, y mañana no tendré la misma intención. ¿Qué pasa con mis planes?, desaparecen por completo.
Hay días que me obligo a hacer cosas que planeé y que ya no me parecen correctas, como hay otros días que simplemente no hago nada.
Mañana quería hacer algo y ahora que lo pienso ya no lo haré.
El deber o el querer?
Quiero estar de una forma, y para ello debo hacer ciertas cosas. Quiero hacer otras cosas, pero para ello debo dejar el deber.
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