domingo, 9 de diciembre de 2007

Histeria o amor... ¿?




“Pero ¿era amor? La sensación de que quería morir junto a ella era evidentemente desproporcionada: ¡era la segunda vez que la veía en la vida! ¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad de amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo? ¡Y su subconsciente era tan cobarde que había elegido para esa comedia precisamente a una pobre camarera de una ciudad perdida, que no tenía prácticamente la menor posibilidad de entrar a formar parte de su vida!” – la situación del como se sentía Tomás, protagonista de “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera.

Con respecto a la situación, el protagonista “…se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería:
El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?”

De repente, siento que la situación de Tomás, es una realidad en mi esquema. Tengo la obligación a amar a alguien. Tengo la obligación de estar con alguien. Y es ésta búsqueda constante y frustrante la que me obsesiona en que la siguiente persona sea la correcta. La siguiente persona tiene que ser la persona a la que le entrego mi falso amor.
Hace tiempo creo haber tomado conciencia de mi incapacidad de amar. Creo que si he sentido amor, ha sido tan fatuo e inexistente como las lluvias de verano.
Quizás es una muestra de ingratitud hacia las personas a las cuales he sentido este sentimiento, indescriptible y “pleno”, pero cuando el momento parece tan lejano como el comienzo de la historia, pareciese que el oro de su color se opaca con el ocaso de su término. Sería una buena excusa para decir que “nunca” he sentido amor.
¿Es necesario enamorarse de una persona?
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Quisiera dejar de desear estar con alguien.



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Almohadas



Siempre he sentido curiosidad del por qué me gusta dormir así de una manera tan estructurada. ¿Será que soy una persona que necesita tal estructuración?, o ¿será que algún día tendría que normalizar ciertas cosas? Recuerdo que hace como cinco o cuatro años atrás, miré mi rutina antes de quedarme dormido. Simplemente una obsesión más dentro de mi mar de obsesiones. Me di cuenta de lo que hacía cada noche antes de acostarme.

Todo comenzó con las almohadas.
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Cuando pequeño, yo tenía un par de hartos kilos de más. Con el tiempo, me di cuenta del como eran desplazados, socialmente las personas con mi “condición calórica”. Por eso tomé el camino de la inanición para disminuir mi volumen.

Al tiempo de tomada la decisión me di cuenta de que parte de la meta se cumplía. Mis kilos de más desaparecieron, al igual que la cómoda superficie adiposa que cubría a mis huesudas extremidades. Sin mucho músculo ni grasas que envolviesen mis piernas, empecé a sentir dolor en mis rodillas al dormir; o en realidad, un malestar tolerable, pero malestar al fin y al cabo. La solución, fue una almohada entre las rodillas al dormir.

Con ello me fui dando cuenta del cómo “vivían” mis otros miembros durante el sueño. Y así vinieron más soluciones para problemas que no veía (o no existían o_Ô’). Una almohada entre los brazos (como abrazando a alguien) para mantener la separación de los hombros. Otra almohada extra en la cabeza, para alcanzar el ancho entre el cuello y el hombro. Y finalmente, una almohada en la espalda, por si se me caía alguna lejos de mi alcance (jejeje… duermo en “bunk bed”).

Además de eso, me di cuenta de las vueltas que necesito dar antes de dormir tranquilo (mirar primero al poniente, luego al oriente, y nuevamente al poniente, y zZzZz).

¿Curioso o analizable?

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