miércoles, 19 de agosto de 2009

En el aeropuerto




Queda una hora para embarcar, y en mi memoria están todos los momentos que viví en esta ciudad maravillosa. Rio de Janeiro ha sido un hogar inolvidable durante este año. Es raro el volver tantas veces. Son sólo dos, pero es raro el tener la oportunidad de hacerlo tantas veces. Rio tiene una música que la hace inolvidable. Un sonido a carioca, a flora verde y fértil, a gente feliz, a playa y deportes, a pasión y un sentimiento que solamente se puede sentir con la viseras. Rio es una de mis ciudades favoritas, y siempre que la dejo es con lágrimas en mis ojos. Lamento el tener que irme de nuevo, el dejar esta ciudad no es más que una muerte repentina, que una vida no puede aguantar. Una vida eterna en Rio no sería tan terrenal. He dicho a los cariocas conocidos, que de repente no es tan bueno el conocer el paraíso, pues el resto parecerá infierno. El infierno no es Santiago, ni otra ciudad; el infierno es estar lejos de tanto movimiento, de tanta fiesta, de tanta felicidad. Hasta los menos agraciados tienen una felicidad en Rio. La vida es tan diferente por estos lares.

Ahora mirando a Santiago, recuerdo lo agradable que es tener una vida agradable, tranquila, armada y estable. La estabilidad de Santiago la dejaría por cualquier aventura, por cualquier emoción que destruya mi vida, mi corazón y mi alma. Masoquista puedo ser, y creo que en gran parte lo soy. Tengo ganas de llorar, pero mi inconsciente sabe que soy fuerte y que nada haré al respecto.
Santiago, con sonido a lluvia, olor a frio, y luz de invierno. Dejo el calor del trópico, de la gente y la felicidad, para volver a lo que llamo realidad. Será realmente esa mi realidad? Siempre que dejo Rio digo que no volveré, pues mucho la quiero. Ha sido como el joven que he ligado en Botafogo. Lo quise mucho, eliminó mi soledad, pero lo dejé, huí de él. La compañía no era tan real como la realidad a la cual quiero aspirar. Yo sabía que no iba a durar para siempre; y creo que no duraría aunque me quedará en Rio para siempre. Quise decidir yo antes de que el tiempo hablara por todos. El tiempo, el destino, el futuro no es el que decide por mí, soy yo el que aprieta el botón que lleva a una u otra alternativa.
Estoy feliz de haber venido a Rio de nuevo, y es cierto que la segunda vez no es tan buena como los recuerdos de la primera; pero al mismo tiempo siento que la segunda vez fue mejor que la primera. Siento que no hice mucho, recorrí poco, pero descansé bastante. Sólo playa, un par de fiestas y nada más. Pero Rio es solamente eso: playa, fiestas, deportes y gente feliz. Rio es un paraíso para disfrutar, no es para trabajar ni morar.
Quiero volver por mucho tiempo. Pero ¿qué es volver?, ¿volver es quedarse para siempre?, ¿es “hasta que la muerte nos separe”? No sé. Pienso que más que un concepto, es una sensación dentro de uno, una calma que se siente dentro. Es llegar de nuevo sin tener retorno, es una entrega de la libertad a un lugar que no es cotidiano. Dar la libertad de la salida, a cambio de la eterna estadía. ¿Alguna vez volveré hasta la muerte? Creo que muchas preguntas, en mí no tienen respuesta. Tampoco sé si preciso de una respuesta. Cómo todo científico, el personaje que soy yo, precisa satisfacer cada pregunta dándole una respuesta definitiva. Mas creo que es una simple onda de ir y de venir pensamientos que finalmente no llegan a mayor profundización. Es simplemente un vómito de palabras con algo de sentido y sonido profundo, que en realidad nada significan.
Ahora que me voy, el tiempo no pasa volando. No me gusta esperar, no me gusta vivir en el futuro. No me gusta el estar pendiente de lo que sucederá en vez de estar pendiente de lo que estoy viviendo. Debería de gozar el olor diferente del aire acondicionado del aeropuerto, el raro color del cielo fuera de las ventanas de la zona de embarque, la pista de aterrizaje vacía y las mangas desconectadas de cualquier avión que podría estar. Vivir el presente, cuando el presente representa lo que es el futuro, es difícil. Siento que el ahora es una extensión de lo que pasará después, y claro que lo es.
No me gusta vivir en un mundo que vive desde el mañana.

viernes, 7 de agosto de 2009

Viernes... qué hacer?




Siempre se me ha hecho más fácil el escribir lo que tengo que pensar, en vez de pensar sin poner las cosas sobre un papel.


Tengo la oportunidad de ir a una fiesta, con un extraño y sus amigos. Por un lado está la opción de ir y gastar un montón de dinero, que quizás necesite a futuro, o simplemente pensar en el presente y después decir “Dios proveerá”.

Siempre he sido muy conservador, siempre muy provisorio. Recuerdo cuando estaba en el aeropuerto, o antes de llegar a él, pensaba en que este viaje sería diferente y que aprovecharía las cosas de otra forma, pero creo que lo que tengo que hacer es aprovechar las cosas pensando en las cosas que quiero.
Desmenuzando un poco: aprovechar, se refiere a las “oportunidades que te da la vida”. En este caso, estando en un país extranjero, debería de arriesgarme un poco más (en cuando a las experiencias sociales) y dar ese paso que nunca suelo dar. Quizás no pensando con la cabeza simplemente, sino combinando todas las cualidades que puedo explotar en mí. Mi inteligencia, mi intuición, mi espíritu hambriento de aventura, y las ganas de hacer algo nuevo y conocer gente nueva. Discriminando siempre, entre lo que quiero y no quiero, sin repetir errores anteriores y sin obsesionarse con actividades (deportes). Sin hacer correlaciones que pudieran no existir en la realidad.

jueves, 6 de agosto de 2009

Martes noite

No estoy acostumbrado a escribir de forma relajada. Siempre suelo tener algo que me impulsa a lanzar letras de mis dedos. Es como una libre asociación de palabras que quieren estar juntas sobre un papel.
Hay veces que tengo cosas que decir, pero no las digo, pues no tengo ganas de escribir, o no sé cómo expresarlo.

De repente escribo y escribo, con una falta de inspiración tremenda, y veo lo simple de todo y lo borro.
Ayer salí con un chico. Es uno nuevo, con el que me decidí a decirle que saliésemos por Santiago a tomarnos algo. Un café, un jugo. Luego sushi y una ensalada para mí. Una noche relajada, en medio del invierno santiaguino que no se deja ver del todo frío.

En Rio con lluvia

En Rio, con lluvia, en un departamento en donde quizás no quiero estar, pero acá en el paraíso, con gente que no es exactamente la más apropiada. Esperando que la vida cambie un poco las condiciones de este viaje. El tiempo dirá que cosa sucederá.

Esta segunda venida a Rio de Janeiro, ha sido totalmente diferente a la primera. Ahora es invierno, ya no hay tanto turista como antes. Tampoco está lleno de fiestas por doquier, no tengo internet en el departamento, la compañía no es buena, tengo muy poco dinero, mucha hambre y no tanto ánimo de hacer tantas cosas. El movimiento no llega como en verano, y la temporada hace que el sol se oculte muy temprano.

Aún no son ni las nueve de la noche, y el sueño ya me ha asaltado hace mucho tiempo. Me tienta con la tranquilidad de una cama, el abrigo y la calma de lo que me depara Morfeo.

Llueve y llueve en Rio. El sonido del agua cayendo en el balcón, es como una catarata que rompe en las baldosas que en la mañana, cono de costumbre, recibían la luz del sol cálido del verano brasilero.

Llueve y me acuerdo de los días de lluvia en Santiago, en mi casa, en el auto, en mi bicicleta, en los techos en donde me refugié, y en las gotas que también me tocó recibir muchas veces entre la universidad y el paradero, y en otros muchos recorridos por la ciudad. Debajo de un paragua, y no sólo bajo un techo seguro. Con los pies mojados y con la esperanza de llegar pronto a casa.

Momentos como los de lluvia, son tan poco frecuentes, que son difícilmente olvidables. Que lluvia en Rio ya me había tocado, no es la primera vez que me sucede esto. Se podría decir que es la segunda que me sorprende, pero es la primera que vivo en invierno.

Y sigo, no sé lo que hago por estos lados de Sudamérica. Quizás, como diría Raúl, si hubiera jugado mejor las cartas, estaría haciendo otras cosas, o estaría en otro lado. Al fin y al cabo, cuáles son mis intereses y objetivos de vida? Acaso no quiero vivir nuevas experiencias, sobreponerme a nuevos problemas, superar diversas cuestiones de la vida. Ahora estoy en búsqueda del mundo, viendo lo que sucede en otras partes, y como se siente el hacer algo que necesitaría mucha más planificación de la que en realidad le dediqué. Ha sido algo loco que nunca lo pensé hacer con anterioridad.

Casi que en un reconto un tanto pobre, sigo contando el principio.

Pues qué hago en Rio. La historia es simple, un amigo me compró el ticket de avión, y no me pude negar. Pero ¿qué clase de amigo regala un ticket de avión? Y la frase de “nada en la vida es grátis” me viene a la mente. La aceptación del regalo, viene con la implícita obligación de fidelidad a la compañía y de la renuncia a la libertad. Pero como lo implícito no me agrada, ni lo acepto como cierto, simplemente no firmé ni firmaré ese contrato, y haré lo que quiera, pues aún tengo esa libertad que nunca me ha abandonado. Nunca firmé ningún contrato ni tengo que ceptar algo que nunca se dijo. Yo hago y haré lo correcto.