lunes, 31 de diciembre de 2007

Alejo Alejandrovich



“Alejo Alejandrovich no había tenido celos jamás. A su juicio, este sentimiento constituía una ofensa para la esposa, en la que se debía tener una confianza sin límites, lo cual le parecía imprescindible para la existencia de la vida familiar. Por qué sentía esta confianza teniendo una mujer joven y bella, era una pregunta que no se había hecho jamás; pero es lo cierto que él no se había dejado dominar nunca por dudas ni sospechas: se había dicho que así debía ser y así había prometido otorgar una confianza ilimitada a su esposa.”
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“Entonces su mirada se dirigió al escritorio de su mujer y, como viera en ella una carta a medio escribir, sus pensamientos tomaron un rumbo completamente distinto. Empezó a pensar en ella y en lo que ella debía de pensar y de sentir. Por primera vez comprendió que Ana debía de tener sus propios pensamientos, sus deseos personales y su manera de vivir. Y esta idea le aterró de tal modo, que se apresuró a apartarla de su mente.
Jamás se atrevería a sondear un abismo semejante. Penetrar en el pensamiento y en el alma de otra persona era algo que chocaba con su manera de ser. Lo consideraba como una cosa nociva, como una fantasía peligrosa.”
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“Y dijo en voz alta:
– Lo que ella pueda tener sobre su conciencia no me incumbe a mí, sino a la religión.”

Viviendo onírico



Nuevamente he vuelto a soñar con mi “compañero de piscina”. Es un ser tan atractivo para mi, y que tiene tan poca gracia para el resto. Es pequeñito, con buen cuerpo, creído y con cara de caliente, como dice una amiga mía.


Recuerdo que a este niño lo conocí hace tiempo, en segundo año de mi carrera. En el curso de Química Moderna. Pasaba toda la clase mirándolo de reojo. Soy un weón tan perno. Jajaja. En ese tiempo, me gustaba acosar minos y llamar su atención. Él era una de mis tantas victimas.


Paralelamente, en ese tiempo, iba a la piscina en la mañana, tipo 8ºº. Era el ramo de Natación I. Ahí nos informaron, que podíamos, si queríamos nadar más, ir más tarde, como de 12ºº a 14ºº. Un día, después de clases, tomé la decisión de ir y hacer algo de ejercicio. Finalmente, me acostumbre de tanto chapoteo, y fui varias veces a la semana; hasta que un día, yo ya en el agua, veo hacia fuera de la piscina, y lo veo a él… jajaja. Estaba hablando con un profesor, sin nada más que una diminuta sunga. Que guapo me parece ese tío. Y yo babeando en la pista, sin hacer nada. Congelado por un momento de la emoción, no le quito los ojos de encima. Luego el se metió a nadar (en la pista de los tipos que nadan mejor que todos) y yo le seguía con la vista por todos lados.


Es cierto que soy un poquitín bastante obseso cuando se refiere a hombres y relaciones de pareja. Pero es algo inevitable que me nace. Es como algo hormonal. Y obviamente mis hormonas no cachan que eso me lo debieran de producir las minas, pero, en fin.


En ese tiempo, saliendo de la adolescencia, quería tenerlo todo. Mino que pasaba, le hincaba los ojos, los dientes y todo.


En verano seguí yendo a la piscina, después de que terminaron las clases. Y él seguí mostrando su cuerpo en esa diminuta sunga, y yo seguía babeándole mientras nadaba, mientras se duchaba y mientras se vestía. No me importaba ser evidente. Ser evidente era mi objetivo.


Día a día, la obsesión crecía. Por ello decidí hablarle y decirle que lo encontraba filete, y que me gustaba caleta. Y ahí me entro el filósofo: “¿Para que lo quiero?” ya que no lo conocía, era una pregunta válida. El envase es solo eso, y no mucho me interesa un simple envase sin relleno. A pesar de ello, obvié la pregunta y fui al ataque. Me dije: “la próxima vez que le vea, le haré la pregunta del millón de dólares”. Jamás fue. No me lo topé después. Ahora lo pienso y digo “gracias a Dios que nunca hice esa tontera”. Ahora al menos le saludo en los camarines, o cuando es inevitable hacerlo. Sentí pena por él, debido al gran acoso que le había provocado. Igual una lata que alguien te jotee tanto. Además, somos compañeros de la rama de natación, y nada que ver estar agujoneándolo mientras entrenamos. Aun que de repente lo hago inevitablemente. Es que es demasiado encantador. Jejeje.


Y bueno, con él he tenido varios sueños, que yo denomino “eróticos”, pero que no tienen nada de XXX. El que ha tenido mayor “calentura” ha sido uno en el que le doy un beso y un abrazo.
Anoche, ambos estábamos (en mi sueño) en una institución, algo así como un colegio o internado. Y me lo encontraba en una sala. Y no sé como le dije algo, y me enteré que le gustaban los minos, al igual que a mí. Luego apareció un tipo, algo fortachón, y se lo lleva. De weón perdí al mino nadador, y se lo llevó un mejor postor.


En el último torneo de este año, recuerdo que me taba cambiando de ropa al lado de él. Estaba tan cerca, que caso me pone el culo en la cara cuando se agachó para no sé qué. Y de repente, me mira (es solo mi imaginación que me haya mirado), y dice (a la respuesta de un comentario que le hicieron): “yo estoy soltero”. Estuve todo un día webiando con que me había dicho eso a mí. Soy un pastel.


En fin, algún día será mío. Muajaja.


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domingo, 30 de diciembre de 2007

Fin de año


Últimos días del año. Últimos días para darse cuenta de todo lo que ha pasado.
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Para mi, el año nuevo, es simplemente un día más. Es casi como una frase cliché; parte de las frases de los inconformistas que no quieren pertenecer a la multitud “carretera” chilena. Para mi más que una frase cliché, es algo cierto. El año nuevo es otro día más entre el solsticio de verano y el equinoccio de otoño. Mi año nuevo, está situado un par de semanas antes del 31 de diciembre, mi año nuevo es mi cumpleaños.
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En el cumpleaños celebramos la primera bocanada de aire que recibimos, el primer llanto, la primera incomodidad, y parte de la soledad que experimentaremos a lo largo de la vida, cuando por fin terminemos de darnos cuenta que en realidad estamos solos, y que somos individuos sin nadie que nos ayude o apoye incondicionalmente. Quizás suene un poco crudo, pero es cierto. Finalmente, si uno no está, no hay nadie. Es esa mi “filosofía”. Tú existes gracias a mí, y sin mi tú eres nada. Esto no es un alarde de egocentrismo u otro rasgo de introspección humana; para mí es la realidad. Es difícil explicarlo, y no sé si me entienden. ¡Ya sé!, es como dar la vida por alguien. ¿Tiene algún sentido el dar la vida para que algo resulte? La respuesta para mí es no.
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Es como lo que decía Newton, que por cierto también era algo así como un filósofo, de hecho era un teólogo, y no un científico. Pero Newton decía que “lo que se mide existe”. Yo diría algo como “lo que se siente existe”, y traduciendo “lo que se siente” como “lo que es percibido por los sentidos”. Por ende, si no te veo, no te huelo, no te oigo, no te siento o no tacto, es porque no existes. ¿Pero si otro te percibe? Ahí ese alguien tiene que mandar una señal para decírtelo, y ahí existir dentro de tu mundo.
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En realidad, es así como quisiera pensar, pues me parece lógico; pero no es así como vivo. Un día me di cuenta que de verdad estaba solo y que mi Dios en realidad, era la seguridad y aliento que yo mismo me daba a diario. Me defraudé al darme cuenta del vacío que existía en mi rededor. Pero a pesar de ello, me sentí aliviado, al tener la realidad en mis manos. Fue como nacer de nuevo y sentir en un 100% el frío que ha significar el no estar en el útero materno, o fue como la primera vez que uno siente hambre y llora y se queja para que el cuidador nos calme con nuestra demanda. Pero ese elixir no duró mucho. El goce de la realidad quedó casi en ascuas, cuando al día siguiente desperté y me aferré al hecho de que hay gente que estará con uno más que con ellos mismos. Yo sé que esa realidad no existe, y si existiera, no es muy inteligente.
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Siempre he dicho que uno sabe las necesidades personales mejor que cualquiera. Siempre he dicho que es mejor aprender que obtener las cosas gratis (“aprender a pescar, antes que obtener los pescados como regalo, como podría ser una limosna”). Por eso no creo en el pedir, ni en el compartir los malestares o necesidades con otro. Me gusta la individualidad y la independencia. Me agrada el que yo sepa que hacer cuando tenga hambre y que no necesite de nadie para saciarla. Pues si alguien se hace cargo de mi hambre quizás me de un vaso con agua, y luego cuando tenga sed, me de una hogaza de pan.
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Para la satisfacción de nuestras necesidades, es preciso conocerse, y saber interpretar las emociones. Tener “inteligencia emocional”, término muy popular desde la publicación de un libro homónimo. Desde que la femineidad se ha tomado esta parte del siglo, nos ha resultado bastante útil el tener un dominio y conocimiento de nuestras emociones.
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He de confesar, que al principio de este año, y antes mucho más; tenía una terrible discapacidad. No sabía reconocer emociones. Podría tener odio, pena, tristeza, melancolía o cualquier otra emoción negativa, y todas las tomaba por igual, impidiéndome resolverlas de una manera adecuada, y por lo mismo, recibiendo una digestión bastante errada. Hoy en día, “he vuelto a nacer” y las emociones las he vuelto a sentir. Esta “evolución” tiene pros y contras. El pro, es que ahora entiendo que es lo que sucede conmigo, y puedo tomar cartas en los asuntos que antes me cegaban. El contra, es que ya no hay control de las emociones, pues eso era lo que hacía antes. Las emociones estaban enjauladas, sin poder salir; transformándome en una especie de robot.
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Ahora no me quejo de todo lo que me duele el dolor, ni de lo poco que me alegra la felicidad. Ahora vivo las cosas con un toque más de realidad y conexión con el medio. Y a pesar de que he dicho, al igual que la Vivi Kreutzberger, que “el 2007 es un año que quiero olvidar”, en realidad el 2007 es un año en el que he aprendido a estar conmigo, y a diferenciarme del medio en el cual estoy inmerso. Ha sido un año difícil, y poco agraciado. Sin muchos logros, y muchas vivencias. Muchos problemas, y muy pocas soluciones. Como un hoyo profundo del cual no se sale, pues la salida no es por arriba, si no por abajo. Y sí, que tocar fondo cuesta mucho, y cuando finalmente se hace uno no se da cuenta, hasta que sale de todo y mira hacia atrás para ver que el pasado son eternas telarañas que ahí se quedaron, sin atrapar extremidad alguna nuestra. Pues para mí, el avanzar es algo fundamental y muy necesario. Ser mejor persona, crecer y moverme en dirección de mis metas es lo que me mantiene vivo para seguir y seguir.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Ana Karenina



"El recuerdo de los hechos vividos últimamente parecía encadenarle y decirle:

No; tú no nos dejarás ni te convertirás; serás como has sido siempre, seguirás
experimentando tus dudas, un descontento eterno de ti mismo y el propósito de
corregirte y ser otro hombre distinto; seguirás cayendo y levantándote y
sintiendo ese anhelo insaciable de felicidad que se te ha negado y que no
alcanzarás nunca.

Esto parecían decirle todos aquellos objetos que le rodeaban. Sin embargo, otra voz interior afirmaba que no debía someterse al pasado sino poner todo en su empeño y su buena voluntad en vivir como deseaba."- Levine, "Ana Karenina" de León Tolstoi


martes, 25 de diciembre de 2007

Diciembre 25; 2ºº am



Aprovechando navidad, pude apreciar como esta mi familia. Ahora me pregunto: ¿cómo ha cambiado tanto? Mi madre, ya no es la mala versión de un padre. Ella ahora es la mala versión de una adolescente con el anhelo de ser libre. Mi abuelo, pasó de ser un hombre independiente, con mil vidas fuera de casa, deportista, animado y bromista; a ser un viejo deprimido, derrotado y penoso. Mi “hermano”, sigue siendo el niño hiriente de siempre, que sabe dónde atacar y destruir todas tus defensas. Sigue siendo el mismo fracasado que se enfrasca en situaciones problemáticas, de las que mi madre u otra persona, se encarga de soslayar. La diferencia, es que ahora está peor y aún más cambiante y cínico que antes. Llegó a la “cena” de navidad alegando de por qué nadie le había avisado que el año nuevo no lo pasaremos en Santiago. Que niño más mimado ha sido ese. No ha superado ni siquiera un escollo de la vida, todo lo ha tenido y todo lo ha tomado. Y hablando de tomar, hasta ebrio conduce, después de una fiesta con bar abierto, y nada le sucede. A 80 km/h su “angelito” lo lleva hasta la seguridad de destino. Mi hermano es el clásico “conchesumadre”. Siempre se sale con la suya. Finalizando con los personajes, está mi abuela. Ella, estoica acética, siempre preocupada por todos. Que si comimos bien, si es que tiene frío, sueño u otro mal. Toda preocupación, sea la que sea. Ella es la que cocina todo en cada celebración. No creo que alguien lo valore de verdad; en realidad, todos le reprocharían que dejara de hacerlo.
Mi familia, es especial para ello. No celebrar los sietes, pero alegar por las notas menores. Quizás es exigente, y poco remunerado. Nada bueno como un equilibrio.
Y la autocrítica. Yo, no me comporté muy bien. Simplemente hice como si fuera un día cualquier, hice lo que hago siempre; pero sin esforzarme. No pesqué a mi vieja cuando me hacía preguntas sobre cosas que ella no quería saber. Las típicas preguntas que simplemente se hacen por cortesía. Es cierto que le contesté mal. Pero bueno, nunca me han gustado estas fechas, en las que el cinismo está a flor de piel; en la que los abrazos sobran y la honestidad carece de importancia. La sonrisa es algo obligatorio, y el desvelo una regla de oro. Que pérdida la de hoy. Consumismo, deterioro y cero espíritu navideño.

¿Habrá que cambiar de actitud? Yo creo que sí y que no… o sea, no lo tengo claro.

martes, 18 de diciembre de 2007

Libertad

Dejé de pololear, y ahora me siento libre. Iba caminando por gay town, y me di cuenta que ya no tengo dueño que me llevase de la correa.
¿Será pura idea mía, o de verdad estaba tan atado? Quizás es solo paranoia, pero la pena de la “soledad”, se llena con la suave brisa de la libertad.
Y ahora no sé que es lo que quiero.
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sábado, 15 de diciembre de 2007

Fidelidad



No sé de donde saqué tan rígido concepto. Soy fiel hasta de mis errores, de mis defectos, de mis lazos. Si a un amigo le molesta una persona, esa pasó a formar parte de mi lista negra; y me cuesta mucho cambiar mi actitud frente a ella. Tengo que cambiar, pero también soy fiel a lo que siempre he sido. Casi como los músicos del Titanic, que le fueron fieles al servicio y se hundieron con él.


Sé que es mala la fidelidad a lo establecido, pues cuando hay que cambiarlo, cuesta mucho. Se convierte en una actitud conservadora en exceso.


A ver si podemos cambiarlo. Quisiera llegar a ser más flexible conmigo.

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viernes, 14 de diciembre de 2007

Yo



veo mi foto cuando niño y me dan ganas de llorar
pienso en él como tercera persona...
veo todo lo que tiene que pasar, y no lo comprendo...
me encantaría defenderlo de la jungla que es este mundo...
me encantaría acogerlo en mis brazos y salvarlo de todos los tormentos...
quisiera enseñarle a ser fuerte y a tener energías para sobrellevar todo lo que le sucederá...
pobre... ¡que victimizado ha quedado!

jueves, 13 de diciembre de 2007

Le Petit Prince


Últimamente he estado leyendo mucho. Buscando respuestas a algo que aún no me pregunto.
Como ya he dicho, estuve leyendo (ya por quinta vez) “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera. También he estado leyendo un libro que destaca por “mágico”. En particular, no lo veo tan espectacular como todo el mundo, pero si me parece interesante su metáfora, ya casi inexistente en la literatura contemporánea. He estado leyendo, el ya clásico, “El Principito” (de Antoine de Sanit-Exupery). Alcancé a llegar sólo hasta la parte en la que conoce al zorro y le pide ser domesticado. Pero de todos modos, anoté frases que me parecen interesantes y dignas de compartir con vosotros.

El principito cuando recién nació la flor: “No era demasiado modesta, ¡pero era tan conmovedora!”

Cuando el principito conoce a la flor, y le da indicaciones de sus necesidades, y en vez de hacerle caso, la escucha atentamente: “Entonces había exagerado su tos (la flor) para inflingirle remordimientos a pesar de todo.
Así, pues, a pesar de la buena voluntad de su amor, pronto había dudado de ella. Se había tomado en serio unas palabras sin importancia, y se había sentido muy desgraciado”. ¿Qué tan seguido la gente nos manipula con sus remordimientos? Es muy común que alguien se haga la victima, se tire al suelo, y diga “pobresit@ de mi” y uno vaya, cual príncipe azul, a socorrer a esta “pobre alma”, que finalmente lanza una bofetada contra las buenas intenciones.

Luego el principito confiesa: “¡Entonces no supe comprender nada! Hubiera debido juzgarla por sus actos y no por sus palabras (ser.vivo: es como lo que mencionaba del decir y hacer, ¿no?). Ella me perfumaba y me iluminaba. ¡Nunca hubiera debido huir! Hubiera debido adivinar su ternura detrás de sus pobres astucias. ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla”.

Principito se va de su planeta: “Y, cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla a cubierto bajo el fanal, se sintió con ganas de llorar.
–Adiós –dijo a la flor
Pero ella no le contestó.
–Adiós –volvió a decir.
La flor tosió. Pero no se debía a su catarro. (ser.vivo: que por cierto era falso)
–He sido tonta –le dijo por fin–. Te pido perdón. Procura ser feliz.
Le sorprendió la falta de reproches. Se quedó allí completamente desconcertado, con el fanal en la mano. No comprendía esa apacible dulzura.
–Pues sí, te quiero –le dijo la flor –. Por mi culpa, no llegaste a saberlo. No tiene importancia. Pero tú has sido tan tonto como yo. Procura ser feliz… Deja en paz ese fanal. Ya no lo quiero.
–Pero el viento…
–No estoy tan acatarrada como para eso… Ela aire fresco de la noche me vendrá bien. Soy una flor.
–Pero los animales…
–Tendré que aguantar dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas. Dicen que son tan bonitas… Si no, ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás lejos. En cuanto a las fieras, no tengo ningún miedo. Tengo mis garras.
E ingenuamente mostraba sus cuatro espinas. Luego añadió:
–No te quedes ahí parado, hombre, me pones nerviosa. Has decidido marcharte, pues vete.
Y es que no quería que la viese llorar. Era una flor tan orgullosa…”
Que linda frase esa de: “Tendré que aguantar dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas”. Es como: “No llores porque se oculta el sol, sin atardecer no verás las estrellas”. Una cosa por otra. Es como “aprender con dolor”.

Luego cuando visita al Rey, éste dice algo muy sensato: “Si yo ordenara, si yo ordenara a un general que se transformara en ave acuática, y el general no obedeciera, no tendría él la culpa. La tendría yo”. Es como pedirle peras al olmo. Una filosofía que yo siempre he aplicado a mis relaciones. No pedirle a una pareja, algo que yo sé, no puede dar. Ni esperar algo de alguien, que simplemente no puede generar. Es difícil darse cuenta de esas imposibilidades. Pero cuando uno pasa esa barrera, y logra ver más allá; la frustración se convierte en entendimiento.

Algo que me pareció raro, dentro de la visita de principito a La Tierra, es lo siguiente: “¿Qué vienes a hacer aquí? –pregunta la serpiente.
Tengo problemas con una flor –dijo el principito”.

Y lo último que alcancé a rescatar, cuando ya se me terminaban las ganas de seguir leyendo es:
“–¿Dónde están los hombres? –preguntó con cortesía el principito (a una flor de tres pétalos que se encontraba en medio del desierto).
La flor había visto un día pasar una caravana:
–¿Los hombres? Debe de haber seis o siete. Los vi hace años. Pero nunca se sabe dónde encontrarlos. El viento los pasea. No tienen raíces, y eso los fastidia mucho”. Hombres, plantas sin raíces. ¿Será que perdemos pronto nuestros orígenes?

Continuará?...
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miércoles, 12 de diciembre de 2007

¿Ver o no ver?

Al escribir aquí, siempre suelo pensar o tener algo así como “la idea genial”, o la temática clara, para no estar dando jugo sobre algo que no tiene sentido. Ahora, precisamente en este momento, me doy la libertad para comunicarme sin la sutileza de arreglar el contenido, amoldándolo a un contexto o situación determinada.

Les cuento, casi como para un diario de vida, que mi vida ha estado en constante cambio desde principio de año. Casualmente llegué de estar viviendo una vida caótica y sin mucha esperanza de cambio, sin ayuda alguna ni socorro semejante; a una situación más controlada y estable cuando a mi madre se le ocurre consultar a un profesional, especializada en rendimiento laboral, para mejorar su desempeño en el trabajo y para cambiar un poco, la tónica que existía desde entonces en esa área.

Para hacer una investigación más acabada, el “profesional” (sicóloga), decidió entrevistar a parte de la familia, para poder integrar un poco las historias que se entrelazan en la vida de mi madre (en realidad, supongo que esa era la intención). Es por ello, que al tiempo de la primera sesión, mi madre, nos pidió, a mí y a mi hermano; asistir a una entrevista con ella. Primero fue mi hermano, y luego yo. Debido a la gran falta de comunicación en la familia, no supe que pasó con esa primera entrevista con mi hermano, así que prácticamente iba a ser inspeccionado y analizado a ciegas.

Recuerdo que la primera vez que me junté con ella, era un viernes en la tarde, después de una semana de clases, por el mes de Abril. También recuerdo, que en ese tiempo no sabía lo que era el descanso ni el cansancio. No sentía cuando debía de parar o cuando necesitaba comer. Tenía una vida más bien, acética/estoica y despojada de muchos placeres. Esa tarde, llegué un poco nervioso, pero con ansias de poder tener cierto desahogo con una sicóloga. Hace tiempo que no había tenido la oportunidad de estar con alguien que pudiese tener la capacidad de entenderte, escucharte y darte ciertas guías para encontrar respuestas. Fue como un oasis el encontrar una luz en el camino. Al momento de la sesión, me sentía, como un corredor cuando llega a la meta, quemando sus últimas calorías, y dando el último impulso antes de caer abatido por la fatiga de un arduo camino.

Cuando llegue, me recibió algo expectante, pues nunca nos habíamos visto antes. Nos saludamos y tomé asiento. Hablamos harto. Creo haber llegado a las cinco o cuatro de la tarde, para luego salir alrededor de las siete o casi ocho de la noche. No recuerdo muy bien de que hablamos, pero si recuerdo el camino que se empezó a entretejer.

Después de esa primera conversación, quedaron varias cosas en el tintero, que volvimos a discutir la semana siguiente. Lo mismo sucedió en la segunda sesión, un poco menos extensa. Así que, las “reuniones” siguieron a una tercera. Luego a una cuarta, y así hasta ahora, que se ha convertido, en algo así, como mi terapeuta.
Es curioso que cuando uno necesita algo, se le presente así tan de repente como si una magia la trajera del más allá. Creo que, con las cosas importantes, siempre me ha sucedido algo parecido.

Y bueno, desde el principio de año, que hemos trabajado, en lo que soy, en lo que hago, en lo que no hago, en lo que quiero y en todo lo que abarque mi personalidad. Ha sido algo interesante, pero muy arduo, cansador y de repente incomodo. No suelo ser una persona que hable mucho sobre sus problemas, y menos que demuestre muchos sentimientos, y menos a un extraño que vengo recién conociendo. Pero este caso fue diferente. No me costó sentirme acogido e invitado a entregar lo que dentro de mí llevo. Ha sido una experiencia realmente mágica, el ver que en el mundo existe gente que no es tan ciega, y que desea ver la realidad.

Es raro (palabra muy usada este año) el ver que las cosas que creemos, son la realidad más correcta. Digo esto, pues he estado acostumbrado a que todo el mundo me diga que estoy equivocado. Muy seguido suelo enfrentarme a personas que, acomodados en esta sociedad del parecer, me dicen que lo que hago no está bien. Que cuando estas triste tienes que llevar una sonrisa en tu cara, cuando estas enojado, no debes expresarlo; cuando piensas diferente debes de ocultarlo, etc. Y para que hablar de los cinismos que a diario uno enfrenta, especialmente cuando alguien necesita un favor de uno o desea cierta aceptación grupal.

Con el tiempo he aprendido a ver ciertas cosas con mayor recepción, pero me ha costado el no molestarme al ver comportamientos falsos en muchas personas que antes solía apreciar mucho. Ver, de repente, que lo que dice la gente no es lo que realmente hacen. Cuando uno opta por ser algo “inocente”, cuesta el darse cuenta de que lo que se dice, no siempre se hace. Es difícil enfrentar la desilusión de la mentira. Y aún más difícil es contar con el reconocimiento de la otra persona, cuando uno les pide que dejen de decir cosas que no van a cumplir. Yo al menos, les doy la libertad de que no me prometan cosas, y que me digan que lo intentarán, para no tener que enfrentar una tras otra desilusión.

Las personas en general, no se dan cuenta de las cosas que realmente quieren. Es por ello que se desgastan diciendo lo que harán. También hay otras que, dominadas por sus dogmas, tienen a seguir un comportamiento que sale mucho de sus naturalidades. Por ejemplo, me refiero a la fidelidad. Un concepto claro, que ha de tener varias opiniones diferentes dependiendo de los valores que uno tenga. Yo creo que hay personas que definitivamente no pueden ser fieles. Es algo de naturaleza, algo más animal quizás, o qué sé yo. Yo, con mis parejas, trato de ser bien franco y flexible al respecto, pues prefiero que bajo un acuerdo se llegue a una “real fidelidad”. Pero bueno, las personas que tienen más de una pareja y andan acostándose con “Pedro, Juan y Diego”, siempre serán mal vistas, bajo el ojo de un puritano. Y ese puritano, si desea llevar una vida de promiscuidad, hará todo lo contrario, presionándose contra su naturaleza, y llevando relaciones que contienen una gran tensión sexual de por medio, perjudicándose a sí mismo, y a la relación en si. Yo preferiría que la honestidad con uno mismo permitiese que esa persona pueda entender que no quiere estar en una relación que dure hasta el infinito, y que entienda que lo que realmente desea no es lo que dice su dogma o sus valores inculcados en la niñez.

Es difícil que una persona que ha llevado toda su vida negándose la realidad, la vea como si nada de un día para otro. Es difícil ser uno mismo cuando se ha escondido la esencia personal por tanto tiempo. E difícil ser honesto cuando uno vive bajo un molde que no lo identifica en su totalidad. El tratar de ajustarse a un tipo de sociedad es algo que no acepto mucho de los demás, más bien me incomoda bastante.

A diario uno ve como la gente va escalando, a base de cinismos y de falsedades, que nadie quiere ver y nadie simplemente ve. Al mundo le gusta estar ciego. Pero para nada se cumple que “el tuerto es rey”. Para nada. Ser tuerto es una tortura. Uno ve como todas las personas siguen modelos falsos y tontos principios sin sentido, solamente para querer pertenecer a algo.

Pertenecer, encajar, ser alguien. Parece que las tribus urbanas, la identidad y con ello, la moda, están en boga hoy en día.

Yo quizás no quiero pertenecer al grupo de gente que tiene grupo. O al conjunto de personas que muere por ser parte de algo. Yo quiero pertenecer a mi mismo, y así mostrar mis colores verdaderos. Nada de hacerme encajar en unos zapatos que ni siquiera me gustan. Ser uno, fiel, original, es un ostracismo autoproclamado, y autoimpuesto que nadie aplaude ni destaca… es más bien la cruz que insta a parecer en vez de, simplemente, ser.


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Tuerto, ciego o con los ojos tapados?

domingo, 9 de diciembre de 2007

Histeria o amor... ¿?




“Pero ¿era amor? La sensación de que quería morir junto a ella era evidentemente desproporcionada: ¡era la segunda vez que la veía en la vida! ¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad de amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo? ¡Y su subconsciente era tan cobarde que había elegido para esa comedia precisamente a una pobre camarera de una ciudad perdida, que no tenía prácticamente la menor posibilidad de entrar a formar parte de su vida!” – la situación del como se sentía Tomás, protagonista de “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera.

Con respecto a la situación, el protagonista “…se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería:
El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?”

De repente, siento que la situación de Tomás, es una realidad en mi esquema. Tengo la obligación a amar a alguien. Tengo la obligación de estar con alguien. Y es ésta búsqueda constante y frustrante la que me obsesiona en que la siguiente persona sea la correcta. La siguiente persona tiene que ser la persona a la que le entrego mi falso amor.
Hace tiempo creo haber tomado conciencia de mi incapacidad de amar. Creo que si he sentido amor, ha sido tan fatuo e inexistente como las lluvias de verano.
Quizás es una muestra de ingratitud hacia las personas a las cuales he sentido este sentimiento, indescriptible y “pleno”, pero cuando el momento parece tan lejano como el comienzo de la historia, pareciese que el oro de su color se opaca con el ocaso de su término. Sería una buena excusa para decir que “nunca” he sentido amor.
¿Es necesario enamorarse de una persona?
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Quisiera dejar de desear estar con alguien.



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Almohadas



Siempre he sentido curiosidad del por qué me gusta dormir así de una manera tan estructurada. ¿Será que soy una persona que necesita tal estructuración?, o ¿será que algún día tendría que normalizar ciertas cosas? Recuerdo que hace como cinco o cuatro años atrás, miré mi rutina antes de quedarme dormido. Simplemente una obsesión más dentro de mi mar de obsesiones. Me di cuenta de lo que hacía cada noche antes de acostarme.

Todo comenzó con las almohadas.
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Cuando pequeño, yo tenía un par de hartos kilos de más. Con el tiempo, me di cuenta del como eran desplazados, socialmente las personas con mi “condición calórica”. Por eso tomé el camino de la inanición para disminuir mi volumen.

Al tiempo de tomada la decisión me di cuenta de que parte de la meta se cumplía. Mis kilos de más desaparecieron, al igual que la cómoda superficie adiposa que cubría a mis huesudas extremidades. Sin mucho músculo ni grasas que envolviesen mis piernas, empecé a sentir dolor en mis rodillas al dormir; o en realidad, un malestar tolerable, pero malestar al fin y al cabo. La solución, fue una almohada entre las rodillas al dormir.

Con ello me fui dando cuenta del cómo “vivían” mis otros miembros durante el sueño. Y así vinieron más soluciones para problemas que no veía (o no existían o_Ô’). Una almohada entre los brazos (como abrazando a alguien) para mantener la separación de los hombros. Otra almohada extra en la cabeza, para alcanzar el ancho entre el cuello y el hombro. Y finalmente, una almohada en la espalda, por si se me caía alguna lejos de mi alcance (jejeje… duermo en “bunk bed”).

Además de eso, me di cuenta de las vueltas que necesito dar antes de dormir tranquilo (mirar primero al poniente, luego al oriente, y nuevamente al poniente, y zZzZz).

¿Curioso o analizable?

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miércoles, 5 de diciembre de 2007

Otra letra




When I feel down; I want you above me I search myself; I want you to find me I forget myself; I want you to remind me
(Blondie - I touch myself)

Muy ingeniosa la letra.