miércoles, 12 de diciembre de 2007

¿Ver o no ver?

Al escribir aquí, siempre suelo pensar o tener algo así como “la idea genial”, o la temática clara, para no estar dando jugo sobre algo que no tiene sentido. Ahora, precisamente en este momento, me doy la libertad para comunicarme sin la sutileza de arreglar el contenido, amoldándolo a un contexto o situación determinada.

Les cuento, casi como para un diario de vida, que mi vida ha estado en constante cambio desde principio de año. Casualmente llegué de estar viviendo una vida caótica y sin mucha esperanza de cambio, sin ayuda alguna ni socorro semejante; a una situación más controlada y estable cuando a mi madre se le ocurre consultar a un profesional, especializada en rendimiento laboral, para mejorar su desempeño en el trabajo y para cambiar un poco, la tónica que existía desde entonces en esa área.

Para hacer una investigación más acabada, el “profesional” (sicóloga), decidió entrevistar a parte de la familia, para poder integrar un poco las historias que se entrelazan en la vida de mi madre (en realidad, supongo que esa era la intención). Es por ello, que al tiempo de la primera sesión, mi madre, nos pidió, a mí y a mi hermano; asistir a una entrevista con ella. Primero fue mi hermano, y luego yo. Debido a la gran falta de comunicación en la familia, no supe que pasó con esa primera entrevista con mi hermano, así que prácticamente iba a ser inspeccionado y analizado a ciegas.

Recuerdo que la primera vez que me junté con ella, era un viernes en la tarde, después de una semana de clases, por el mes de Abril. También recuerdo, que en ese tiempo no sabía lo que era el descanso ni el cansancio. No sentía cuando debía de parar o cuando necesitaba comer. Tenía una vida más bien, acética/estoica y despojada de muchos placeres. Esa tarde, llegué un poco nervioso, pero con ansias de poder tener cierto desahogo con una sicóloga. Hace tiempo que no había tenido la oportunidad de estar con alguien que pudiese tener la capacidad de entenderte, escucharte y darte ciertas guías para encontrar respuestas. Fue como un oasis el encontrar una luz en el camino. Al momento de la sesión, me sentía, como un corredor cuando llega a la meta, quemando sus últimas calorías, y dando el último impulso antes de caer abatido por la fatiga de un arduo camino.

Cuando llegue, me recibió algo expectante, pues nunca nos habíamos visto antes. Nos saludamos y tomé asiento. Hablamos harto. Creo haber llegado a las cinco o cuatro de la tarde, para luego salir alrededor de las siete o casi ocho de la noche. No recuerdo muy bien de que hablamos, pero si recuerdo el camino que se empezó a entretejer.

Después de esa primera conversación, quedaron varias cosas en el tintero, que volvimos a discutir la semana siguiente. Lo mismo sucedió en la segunda sesión, un poco menos extensa. Así que, las “reuniones” siguieron a una tercera. Luego a una cuarta, y así hasta ahora, que se ha convertido, en algo así, como mi terapeuta.
Es curioso que cuando uno necesita algo, se le presente así tan de repente como si una magia la trajera del más allá. Creo que, con las cosas importantes, siempre me ha sucedido algo parecido.

Y bueno, desde el principio de año, que hemos trabajado, en lo que soy, en lo que hago, en lo que no hago, en lo que quiero y en todo lo que abarque mi personalidad. Ha sido algo interesante, pero muy arduo, cansador y de repente incomodo. No suelo ser una persona que hable mucho sobre sus problemas, y menos que demuestre muchos sentimientos, y menos a un extraño que vengo recién conociendo. Pero este caso fue diferente. No me costó sentirme acogido e invitado a entregar lo que dentro de mí llevo. Ha sido una experiencia realmente mágica, el ver que en el mundo existe gente que no es tan ciega, y que desea ver la realidad.

Es raro (palabra muy usada este año) el ver que las cosas que creemos, son la realidad más correcta. Digo esto, pues he estado acostumbrado a que todo el mundo me diga que estoy equivocado. Muy seguido suelo enfrentarme a personas que, acomodados en esta sociedad del parecer, me dicen que lo que hago no está bien. Que cuando estas triste tienes que llevar una sonrisa en tu cara, cuando estas enojado, no debes expresarlo; cuando piensas diferente debes de ocultarlo, etc. Y para que hablar de los cinismos que a diario uno enfrenta, especialmente cuando alguien necesita un favor de uno o desea cierta aceptación grupal.

Con el tiempo he aprendido a ver ciertas cosas con mayor recepción, pero me ha costado el no molestarme al ver comportamientos falsos en muchas personas que antes solía apreciar mucho. Ver, de repente, que lo que dice la gente no es lo que realmente hacen. Cuando uno opta por ser algo “inocente”, cuesta el darse cuenta de que lo que se dice, no siempre se hace. Es difícil enfrentar la desilusión de la mentira. Y aún más difícil es contar con el reconocimiento de la otra persona, cuando uno les pide que dejen de decir cosas que no van a cumplir. Yo al menos, les doy la libertad de que no me prometan cosas, y que me digan que lo intentarán, para no tener que enfrentar una tras otra desilusión.

Las personas en general, no se dan cuenta de las cosas que realmente quieren. Es por ello que se desgastan diciendo lo que harán. También hay otras que, dominadas por sus dogmas, tienen a seguir un comportamiento que sale mucho de sus naturalidades. Por ejemplo, me refiero a la fidelidad. Un concepto claro, que ha de tener varias opiniones diferentes dependiendo de los valores que uno tenga. Yo creo que hay personas que definitivamente no pueden ser fieles. Es algo de naturaleza, algo más animal quizás, o qué sé yo. Yo, con mis parejas, trato de ser bien franco y flexible al respecto, pues prefiero que bajo un acuerdo se llegue a una “real fidelidad”. Pero bueno, las personas que tienen más de una pareja y andan acostándose con “Pedro, Juan y Diego”, siempre serán mal vistas, bajo el ojo de un puritano. Y ese puritano, si desea llevar una vida de promiscuidad, hará todo lo contrario, presionándose contra su naturaleza, y llevando relaciones que contienen una gran tensión sexual de por medio, perjudicándose a sí mismo, y a la relación en si. Yo preferiría que la honestidad con uno mismo permitiese que esa persona pueda entender que no quiere estar en una relación que dure hasta el infinito, y que entienda que lo que realmente desea no es lo que dice su dogma o sus valores inculcados en la niñez.

Es difícil que una persona que ha llevado toda su vida negándose la realidad, la vea como si nada de un día para otro. Es difícil ser uno mismo cuando se ha escondido la esencia personal por tanto tiempo. E difícil ser honesto cuando uno vive bajo un molde que no lo identifica en su totalidad. El tratar de ajustarse a un tipo de sociedad es algo que no acepto mucho de los demás, más bien me incomoda bastante.

A diario uno ve como la gente va escalando, a base de cinismos y de falsedades, que nadie quiere ver y nadie simplemente ve. Al mundo le gusta estar ciego. Pero para nada se cumple que “el tuerto es rey”. Para nada. Ser tuerto es una tortura. Uno ve como todas las personas siguen modelos falsos y tontos principios sin sentido, solamente para querer pertenecer a algo.

Pertenecer, encajar, ser alguien. Parece que las tribus urbanas, la identidad y con ello, la moda, están en boga hoy en día.

Yo quizás no quiero pertenecer al grupo de gente que tiene grupo. O al conjunto de personas que muere por ser parte de algo. Yo quiero pertenecer a mi mismo, y así mostrar mis colores verdaderos. Nada de hacerme encajar en unos zapatos que ni siquiera me gustan. Ser uno, fiel, original, es un ostracismo autoproclamado, y autoimpuesto que nadie aplaude ni destaca… es más bien la cruz que insta a parecer en vez de, simplemente, ser.


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Tuerto, ciego o con los ojos tapados?

domingo, 9 de diciembre de 2007

Histeria o amor... ¿?




“Pero ¿era amor? La sensación de que quería morir junto a ella era evidentemente desproporcionada: ¡era la segunda vez que la veía en la vida! ¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad de amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo? ¡Y su subconsciente era tan cobarde que había elegido para esa comedia precisamente a una pobre camarera de una ciudad perdida, que no tenía prácticamente la menor posibilidad de entrar a formar parte de su vida!” – la situación del como se sentía Tomás, protagonista de “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera.

Con respecto a la situación, el protagonista “…se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería:
El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?”

De repente, siento que la situación de Tomás, es una realidad en mi esquema. Tengo la obligación a amar a alguien. Tengo la obligación de estar con alguien. Y es ésta búsqueda constante y frustrante la que me obsesiona en que la siguiente persona sea la correcta. La siguiente persona tiene que ser la persona a la que le entrego mi falso amor.
Hace tiempo creo haber tomado conciencia de mi incapacidad de amar. Creo que si he sentido amor, ha sido tan fatuo e inexistente como las lluvias de verano.
Quizás es una muestra de ingratitud hacia las personas a las cuales he sentido este sentimiento, indescriptible y “pleno”, pero cuando el momento parece tan lejano como el comienzo de la historia, pareciese que el oro de su color se opaca con el ocaso de su término. Sería una buena excusa para decir que “nunca” he sentido amor.
¿Es necesario enamorarse de una persona?
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Quisiera dejar de desear estar con alguien.



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Almohadas



Siempre he sentido curiosidad del por qué me gusta dormir así de una manera tan estructurada. ¿Será que soy una persona que necesita tal estructuración?, o ¿será que algún día tendría que normalizar ciertas cosas? Recuerdo que hace como cinco o cuatro años atrás, miré mi rutina antes de quedarme dormido. Simplemente una obsesión más dentro de mi mar de obsesiones. Me di cuenta de lo que hacía cada noche antes de acostarme.

Todo comenzó con las almohadas.
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Cuando pequeño, yo tenía un par de hartos kilos de más. Con el tiempo, me di cuenta del como eran desplazados, socialmente las personas con mi “condición calórica”. Por eso tomé el camino de la inanición para disminuir mi volumen.

Al tiempo de tomada la decisión me di cuenta de que parte de la meta se cumplía. Mis kilos de más desaparecieron, al igual que la cómoda superficie adiposa que cubría a mis huesudas extremidades. Sin mucho músculo ni grasas que envolviesen mis piernas, empecé a sentir dolor en mis rodillas al dormir; o en realidad, un malestar tolerable, pero malestar al fin y al cabo. La solución, fue una almohada entre las rodillas al dormir.

Con ello me fui dando cuenta del cómo “vivían” mis otros miembros durante el sueño. Y así vinieron más soluciones para problemas que no veía (o no existían o_Ô’). Una almohada entre los brazos (como abrazando a alguien) para mantener la separación de los hombros. Otra almohada extra en la cabeza, para alcanzar el ancho entre el cuello y el hombro. Y finalmente, una almohada en la espalda, por si se me caía alguna lejos de mi alcance (jejeje… duermo en “bunk bed”).

Además de eso, me di cuenta de las vueltas que necesito dar antes de dormir tranquilo (mirar primero al poniente, luego al oriente, y nuevamente al poniente, y zZzZz).

¿Curioso o analizable?

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miércoles, 5 de diciembre de 2007

Otra letra




When I feel down; I want you above me I search myself; I want you to find me I forget myself; I want you to remind me
(Blondie - I touch myself)

Muy ingeniosa la letra.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Letras



me gustaría llegar a decir algo como estos extractos de canciones:

Love had never got a hold on me
Until you stepped out of a dream
My life once a misery
Now your love has set me free
(Koop - Summer Sun)

I never knew there was someone, to make me come alive
(Stars - my fauvorite book)

lunes, 26 de noviembre de 2007

Necesidad de expresar


Necesito…
Necesito que me digan que lo que hago está bien.
Necesito saber que recorro el buen camino.
Necesito un guía.
Necesito estar en mi ambiente.
Necesito sentirme cómodo.
Necesito poder respirar con calma.
Necesito no ser agresivo con los demás.
Necesito entenderme.
Necesito salir de mi mismo.
Necesito ser feliz.
Necesito estar de buenas conmigo.
Necesito…

¿Dónde puedo hallar las certezas que tanto busco?, ¿dónde hallar la compañía adecuada?, ¿dónde está lo que realmente necesito?

Me siento encerrado en mi gran coraza. No puedo cambiar con facilidad. Me da miedo el cambio, pero necesito generarlo en mí. Me da pena el verme. No quiero victimizarme. Me duelen las cosas, aunque no quiera aceptarlo. Me duelen, y mucho. No creo ser alguien de mucho aguante, aún así; mucho peso descansa sobre mis hombros. Tengo pena... de cómo han resultado las cosas en mi vida. Tengo pena, de que las cosas no vayan a la perfección. Tengo pena, pues nadie se preocupa de eso. Tengo pena, pues nadie aprecia lo que llevo en mi interior.

No quiero seguir con esta situación, pero lejos veo la solución. Los cambios han llegado, pero no con gran fervor. Bombos y platillos no han sonado, ni fiesta se ha armado. A penas y me doy cuenta de lo que siento, y más confundido que calmo espero. Que las cosas cambien, es complicado. Yo suelo ser una estructura sin cambios…

Quiero cambiar, pero para el resto, suelo ser una persona muy útil de la forma en que soy. Les gusta verme así, sin matices, plano y sin brillo alguno. No sé que es lo que sucede en ese intercambio, mío con la sociedad, que me deja sin poder solucionar las problemáticas que suelen ahogarme hasta no poder terminar. Quisiera terminar con la persona que soy, para ver el renacer de una nueva identidad, más certera y real. De todos modos, no creo ser alguien falso, y si lo fuese, no creo que alguien lo pudiese corroborar.

Es cierto, que ahora no me siento muy bien, y esto es solo un reflejo de mi estado emocional actual. Cuando se me pasé simplemente quedarán las ganas e intenciones de cambiar. Cambiar para ser alguien más fiel a mí.
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¿Cómo pedirle al otro, lo que no nos podemos dar a nosotros mismo?
¿Cómo pedimos algo que no damos?...

viernes, 16 de noviembre de 2007

Apre(he)nder con dolor




A lo largo y ancho.
He destruido varias vidas. He hecho cambios. La destrucción no quiere decir que algo malo he hecho. He ayudado, he enseñado, he sido bueno, nunca malo. A pesar de ello sé que he hecho daño. Mucho daño han sentido, los que conmigo han aprendido. Mi ley es esa. Con dolor se aprende. Es necesario el dolor en mi vida. Es necesario contagiar dolor a quienes me rodean. Me siento en la necesidad de alzar mi mano empuñando un látigo. Dolo y enseñanza van de la mano. No sé como aprendí eso. Recuerdo cuando a Dios le pedía que me hiciera las cosas difíciles para poder aprender las cosas con mayor rapidez, y para aprehender mejor que cualquiera. Siempre busqué la superación. Siempre la estoy buscando. Pero no es la superación que practican los que me rodean. Yo no quiero superar a alguien, si no que a mi mismo. Yo lucho mediante el ascetismo de mi ser. Secándome cual vid al sol. El dolor en su calor, el agua mi imperfección. Así ir mejorando a diario a través de su raudo ardor. Creo que en mi es necesario el tener esa conexión. Dolor y aprendizaje.
Sin la conciencia, esto sería solo un circo del sufrir.
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Sin linealidad




El otro día escuchaba y le ponía atención a una canción que me agrada mucho. En la primera oración de ella dice: “Home, is all that we have”. Analicé dentro de mí, ¿qué es lo único que tengo? ¿es el hogar? Al igual que en ocasiones anteriores, llegué a la conclusión de que mi soledad es lo único que tengo. Pero no es simplemente soledad, pues eso significaría no tener a nadie. La idea de soledad que me llegó, fue la del saber que lo único que tenemos seguro, es a nosotros mismos.
Recuerdo un día, después de un quiebre con un capricorniano, con el cual no me podía comunicar; logré llegar a esa conclusión de una forma tan clara, que lo sentía en todo mi ser. Recuerdo que lloré al sentirme solo, recuerdo que lo digerí y lo entendí. En esos días me sentí muy aliviado y autónomo, como si el conocimiento de “soledad” (o quizás “reconocimiento del ser”), me hubiese quitado el peso de tener que parchar a diario ese vacío que siento en mi.
Hoy en día, la soledad puede estar presente, pero no como un aspecto positivo de mí vivir, si no como la constante falla a arreglar. El hecho de que nadie entienda cosas que para mi son evidentes, y que muchos cuestionen mi actuar (incluyéndome), me hace caer en cuenta de que no hay apoyos en donde descansar.
Un hogar. Una vivienda. Un lugar donde vivir. Lugar donde comer, descansar, jugar, reír, hablar, disfrutar. Un lugar que nos acoja. El hogar (nosotros mismos), es todo lo que tenemos. Es todo para nuestro desarrollo. Es donde parten las cosas. Es donde nos dan las fuerzas para emprender el vuelo. En mi hogar, no hay ala libre. El vuelo no se alcanza. La independencia y la diferenciación no existen, son “pecado”. En mi hogar hay solo una pieza, que es la mía. No existe un padre que muestre lo que sucede fuera de casa, ni madre que ayude a asimilar las experiencias vividas. En mi casa estoy solo.
Para mí, la oración mencionada, simboliza, en gran parte; mi soledad. Quiero que mi soledad sea la herramienta que tengo. Quiero que sea apreciada, tal y como lo fue una vez.
Camino desde la universidad, venía pensando en la micro qué es lo que realmente deseo. Quiero deshacerme de las cosas que me impiden ver con claridad. Botar lo que sobra. Pero ahí vienen remordimientos e impedimentos casi morales para desarrollar tal actividad.
¿Cómo poder dejar a la gente que cuenta conmigo? Es cierto que ellos ni se preguntan que mal hacen en mí. Quizás no soy lo suficientemente transparente como para dar a conocer tales “incomodidades”. Quizás el miedo a perder a la persona que carga con los problemas (o sea, el miedo a perderme), les impide el dejarme libre. No lo sé.
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