sábado, 13 de junio de 2009

Siesta


Después de una siesta, hace tiempo, me pasó algo como esto: "Cuando Goldmundo volvió en sí, era ya de noche. Sentía la cabeza vacía y atontada. Se sentía tendido en un lecho; no sabía dónde estaba y tampoco pensaba en eso, le era indiferente. Pero ¿en dónde había estado? ¿De dónde venía, de qué lugar de extraños acaecimientos? En alguna parte había estado, muy lejana, había visto algo, algo extraordinario, espléndido, terrible también e inolvidable... a pesar de lo cual lo había olvidado. ¿Dónde fue? ¿Qué era lo que había aparecido delante de él, tan grande, tan doloroso, tan dichoso, y que luego se había desvanecido?"

Relato de "Narciso y Goldmundo", luego de que Goldmundo despertase de un desmayo ocasionado por una fuerte tensión.

"Narciso y Goldmundo" - Hermann Hesse.

-----------------------------------

Recuerdo que cuando me desperté de una siesta me hice la pregunta más extraña que hasta ahora me he hecho alguna vez. Me pregunté el por qué estaba vivo; en realidad la pregunta fue "¿por qué no estoy muerto?". Para mi fue rarísimo. No sé como me sentí, ya que fue hace mucho tiempo. Ahora con el texto de Hermann Hesse, se ha revivido en mi ese momento, donde desperté exaltado después de haberme acostado con el sol y despertado a oscuras.
¿A ustedes les ha pasado? ¿seré yo el único raro?
.
.
.

viernes, 12 de junio de 2009

Descansando en el desierto



"Narciso y Goldmundo" - Hermann Hesse


"... Así, por ejemplo, conocer a un individuo es descubrir en él aquellas notas que lo distinguen de los demás."

"No podremos acercarnos por ningún camino (...) Nuestra tarea no consiste en aproximarnos, como no se juntan el sol y la luna, ni el mar y la tierra. Nosotros, caro amigo, somos el sol y la luna, el mar y la tierra. Nuestro objetivo no es el cambiarnos uno en otro sino el conocernos mutuamente y acostumbrarnos a ver y venerar cada cual en el otro lo que él es, la pareja y el complemento."

"Debes acostumbrarte a que sólo te tome en serio a ti mismo... En ti tomo en serio lo esencial y necesario..."

"Te tomo en serio cuando eres Goldmundo. Pero no siempre eres Goldmundo. Y lo único que anhelo es que seas total y enteramente Goldmundo. Tú no eres un erudito ni un monje; un erudito o un monje pueden hacerse de una madera inferior. Crees que te tengo por poco ilustrado, poco versado en lógica o por poco piadoso. En modo alguno; pero, a mi ver, no eres lo bastante tú mismo."

"...Nada más en una cosa yo te aventajo: yo estoy despierto mientras que tú lo estás tan sólo a medias y, a veces, duermes por completo. Llamo despierto a aquel que, con la razón y a conciencia, se conoce a sí mismo y conoce sus más íntimas fuerzas, impulsos y flaquezas irracionales, y sabe contar con ellas. El aprender esto es el sentido que para ti puede tener nuestro encuentro. En ti, Goldmundo, el espíritu y la naturaleza, la conciencia y el mundo de los ensueños se hallan muy distanciados. Has olvidado tu infancia, y ella desde el hondón de tu alma te solicita. Y te hará sufrir hasta que le prestes oídos... Lo serás (superior a mí) en cuanto te hayas encontrado a ti mismo."

"... La naturaleza de los de tu tupo, los que tienen sentidos fuertes y finos, los iluminados, los soñadores, poetas, amantes, son, casi siempre, superiores a nosotros, los hombres de cabeza. Vuestra raíz es maternal. Vivís de modo pleno, poseéis la fuerza del amor y de la intuición. Nosotros, los hombres de intelecto, aunque a menudo parecemos conduciros y regiros, no vivimos plenamente sino de modo seco y descarnado. Es vuestra la plenitud de la vida, el jugo de los frutos, el jardín del amor, la maravillosa región del arte. Vuestra patria es la tierra y la nuestra la idea. El peligro que os acecha es el de ahogaros en el mundo sensual; a nosotros nos amenaza el de asfixiarnos en un recinto sin aire. Tú eres artista y yo pensador. Tú duermes en el regazo de la madre y yo velo en el desierto. Para mí brilla el sol y para tu la luna y las estrellas; tú sueñas con muchachas y yo con mancebos..."

Uno de los primeros diálogos entre Narciso y Goldmundo. Narciso es el que se dirige a Goldmundo en cada uno de los párrafos, revelándole parte de su pensar.

"Narciso y Goldmundo" - Hermann Hesse