martes, 24 de junio de 2008

Selva interna




Hoy, mientras estaba en el baño, cerré los ojos e imaginé a un alguien con la forma de estos monos araña que uno suele ver en los documentales de la tv. Ese alguien estaba con sus largos y flexibles brazos al rededor de mi cuello, sin asfixiarme, solo abrazándome. Sus piernas hacían lo propio, como si yo fuese una rama de la cual el dependía, y necesitaba asirse. En mi mente le di un dialogo: "confío en ti" decía el pequeño simio. Un alivio me lleno de esperanza y de un poco de energía, que en ese instante escaseaban en mi. Yo de inmediato pensé: "necesito a alguien que confíe en mi". Luego busqué de entre los rostros que cruzan mi vida a las personas que confían en mí. Encontré varias personas que me han dicho lo mismo, de forma explícita y clara, pero que no tenían el mismo poder de aquel simio abrazador de mi cabeza. Concluí: "lo que necesito, es YO confiar en mi". Después me dije: "confío en mi". Mágica palabra resonó en todo mi interior y de nuevo provocó la emoción que el selvático mono araña había desempolvado.
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miércoles, 11 de junio de 2008




Cosas que tengo en la mente (¿alias:obsesiones?):

La universidad, estudiar, recuperarse del cansancio de más de doce horas de actividad. Acostumbrarse al estres que suele ocasionar tanto contacto con una sociedad en particular. Ir apurado de un lado a otro. Poner atención en clases. Tener en mente lo que tengo que hacer para el resto de los días. Controles, ejercicios, tareas, informes, exámenes, reuniones, movilizaciones, estatutos, plenos, consejos. Pareciera que la velocidad toma un raudo tramo. No hay espacio para lo que me interesa, y me vuelvo un ente. No hago lo quiero, la vida suele perder cierto sentido. La gente va con una velocidad, y me veo obligado a seguirlos acelerando la mía. Me agobian varias cosas. Es como un auto estres que me inyecto a cada momento. Es como una intravenosa de cafeína que acelera mis procesos y altera mi ritmo. Creo que debería de haber tomado menos ramos, menos obligaciones, postergar ciertas cosas, avanzar con calma y no con tanta presura. Quiero hacer varias cosas, y me siento comprometido con muchas otras. Siento que algo me exige a ser más de lo que siempre doy. ¿será una maravillosa obsesión? Me gusta explotarme quizás... pero no es mucho lo que doy. Como un limón seco, de las más ordinarias ramas. De esos limones que ni siquiera el viento los bota. De esos limones que tenemos que sacar del árbol, al terminar la temporada, para comprobar que no hay zumo alguno dentro de ellos. Así me siento, como un limón sin nada que entregar, más que pepas secas con un horrendo sabor a sequedad. Que creo que el deterioro desde el principio del semestre ha sido magnificado por lo desordenado que está todo por acá.

Hay otras preocupaciones, quizás menos importantes, pero que de todos modos me importan. El hecho de no tener el cuerpo que quiero, y de saber que nunca lo tendré. A pesar de que todo el mundo me diga lo bien que me veo; lo que refleja el espejo, siento que, nunca será lo que con gusto veré. Me frustra el pensar en lo poco que me puedo dedicar a mi cuerpo, a pesar de no hacerlo poco. Me gustaría tener tiempo. Es la queja constante de casi todo el mundo. Me gustaría tener tiempo. ¿me gustaría tener más tiempo? ¿es eso lo que quiero? ¿Más tiempo me ayudaría en algo? No sé lo que sucede, no sé lo que necesito, solo sé que lo que hago está patas pa'rriba, y que debo de cambiar cosas. No sé la dirección, sólo sé que no alcanza tan poco para tanto. Es la sensación de insignificancia ante problemas microscópicos. Que soy una hormiga frente a un montón de bacterias. Y al parecer, las bacterias están ordenadas, en mi mente, de una forma, que parecieran ser enormes junto a mi pequeño e insignificante tamaño.

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sábado, 7 de junio de 2008

Más de Ana Karenina




Al leer esta parte del libro, me sentí profundamente identificado con lo siguiente (no sé que pueda significar):

"...Tenía la impresión (Alejo Alejandrovitch) de que, por toda recompensa a su bondad, le habían dejado solo como a un ser ridículo e inútil"

Poniendo en el contexto la frase, lo que sucede, es que la esposa de Alejo, Ana Karenina, se enamoró de otro tipo, y ella lo dejó, a pesar de lo bueno e intachable que siempre ha sido.

"Durante los días que siguieron a la marcha de Ana, Alejo Alejandrovitch continuó recibiendo visitas, despachando con el administrador, asistiendo a las reuniones de la comisión y comiendo en casa como de costumbre. Cuando tenía que contestar alguna pregunta relacionada con los cambios que originaba en la casa la marcha de su esposa, hacía esfuerzos sobrehumanos para aparentar que lo ocurrido no tenía para él importancia alguna ni le había ocasionado la menor sorpresa. Nadie pudo notar en él señal ninguna de desesperación."

La desesperación vino al finalizar ese segundo día. Esto, pues llegó un empleado de una tienda de modas a cobrarle una cuenta que no se pagó. La pregunta del dependiente de la tienda, de si es que él sabía el paradero de su esposa, lo hizo entrar en angustia. Luego se fue el señor de la tienda sin obtener respuesta.

"Cuando quedó solo, Karenina (Alejo) comprendió que ya no tenía fuerzas para continuar la farsa de firmeza y tranquilidad que estaba representando."

"Se sentía impotente para soportar la crueldad y el desprecio que había percibido en el semblante del empleado de la casa de modas, en el de Cornei (servidumbre de Alejo) y en el de todas las personas que había visto durante los últimos días. comprendía que no podría librarse de este odio ajeno, un odio no motivado por su maldad (de ser así, habría procurado corregirse), sino por su desgracia, por aquella desgracia cruel y humillante que le afligía. Sabía que todos serían implacables con él porque tenía el corazón destrozado; que le despedazarían como despedazan los perros al que está herido, insensibles a sus aullidos de dolor. Estaba convencido de que la única posibilidad de salvarse era ocultar a la gente sus heridas, y esto era lo que había hecho durante dos días; pero ahora ya no tenía fuerzas para seguir sosteniendo una lucha tan difícil.
La soledad acrecentaba su desesperación. Ni en San Petersburgo ni en ninguna otra parte tenía un amigo al que poder confiar sus tribulaciones, un amigo que le compadeciera como se compadece a un hombre que sufre y no como a un alto empleado o como a un simple miembro de la sociedad.
Alejo Alejandrovitch había quedado huérfano siendo niño. Tenía un hermano. Ninguno de los dos recordaba a su padre, y su madre había muerto cuando Alejo tenía diez años..."

Podría homologar, la penosa vida de ese hombre con la mía. Quizás solo un poco.

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miércoles, 4 de junio de 2008

Rainy days and Mondays...




Siento que hay un duelo que no termina, un dolor que no se extingue. Siento que es tan tonto sentirse así. ¿Será nuevamente la lluvia que me tiene bajo este estado de melancolía? Creo que las esperanzas no las encuentro en ninguna parte, y creo que podrían estar en las cosas que me faltan, en mis carencias. ¿Es que en realidad tengo carencias reales? Digo reales, pues, creo sentir cosas que me faltan, pero ¿será necesario el rellenar ese vacío? Por ejemplo, de repente necesitaré una pareja nuevamente, o de verdad echaré de menos a mi ex.

Realmente siento que algo me falta, algo necesito. Energía, mi espacio, respirar, descansar, hacer deporte, jugar, hablar, reír y quizás llorar. No sé que carencias tengo hoy en día; o más que carencias, que necesidades hay en mi interior. Me siento muy aproblemado y casi cegado con la universidad y su pila de tareas trabajos y pruebas que tengo todas las semanas; y eso sin contar varias otras obligaciones que tengo a diario. He dejado varias cosas por no sentirme tan ahogado de obligaciones. Ya no tengo pareja hace tiempo, no salgo a carretear casi nunca, me quedo en casa los fines de semana, no entro a messenger, no hablo por celular, y he reducido, con ello, mi vida social a cero. Siento que todo se reduce, absolutamente todo, hasta mi rendimiento. Me siento torpe y vacío sin mucho que hacer, y sin nada que decir. Me siento inerte e inconsciente; me siento ausente.

Además, hay un ahogo, que no sé si será un tapón de pena, o simplemente una emoción que por ahí ha quedado atorada antes de salir; o el arroz del almuerzo que venía junto a las lentejas; o las toneladas de chocolate que como diariamente para conservar mi estado fuera de la depresión. Ese ahogo no se aleja y me estorba un poco, dejándome con la eterna sensación de tener una emoción atravesada queriendo salir. Es por eso que recuerdo y pienso en lo que tuve y ya no tengo. Lo primero que me viene a la mente es mi ex. Lo quise mucho cuando estuvimos juntos, y aún pienso en él cuando no está a mi lado. No volvería con él, ni con otro; pero la carencia puede hacer más que romper mi voluntad. No quiere decir que agarre el celular y lo llame de inmediato, o quizás mañana al despertar... nada de eso. Pero hay un deseo de comunicación, casi como una curiosidad morbosa de verlo vivo y respirando por las calles de Santiago. Extrañándome quizás; recordándome, o viéndome en su mente.¿Será entonces una falta de ego, o de protagonismo? De verdad que he estado ausente y casi muerto viviente. Quizás la muerte no se diferencie mucho de mi estado. Es que ya he tirado un poco la esponja, pues siento que no he sido un buen yo. Pues lo que soy no lo he cumplido. Y la pregunta de "¿quién soy?", la he respondido. He dicho que "soy un estudiante". Así de vacío. Siendo un estudiante, un ser que simplemente se dedica a lo que estudia, no he cumplido con mi función. Es más, siento que hasta los conocimientos anteriores a hoy ya no existen en mi mente. Y mayor es la angustia, al saber todo lo que tengo que hacer para mañana, pasado y la semana siguiente.

Me quedan como 23 días para que el semestre se termine, pero no tengo ganas de estudiar. No tengo motivación ni nada. Por mi que me lleven lejos de acá. Que llegue de la nada un trabajo bueno, bonito y barato, irme a la costa azul y trabajar para el día a día. No ser millonario, pero tampoco un pordiosero. Quisiera, simplemente, ganarme el dinero para seguir viviendo un día más. Ser independiente, y me atrevería a botar por la borda los años que llevo en la universidad y toda la tortura pasada por cada año. Todo lo estudiado hace tiempo. Cada ramo aprobado.

Es que no quiero seguir por estos lados. Y casi no tengo excusa. Pero es que me gustaría estar en otra parte. En una parte mejor. Pero ni siquiera sé que es mejor. Bueno, en realidad, sí tengo cierta noción de lo que me gustaría. Me gustaría tener dinero, tener un techo bajo el cual dormir, tener abrigo, tener compañía, conocer el idioma que se habla (al menos en un radio de 50 Km), trabajar en algo que me agrade. Creo estar en un punto muerto de mi vida. Demás que es el invierno, las lluvias, el olor a lluvia, y toda atmósfera que se le asocia. Será que soy un animal que iverna y no está acostumbrado a tener los ojos abiertos en esta fecha. Quizás por eso es que como tanto como pueda. Quizás por eso es el letargo que siento a diario.

Que mamonerías digo, simplemente es que tengo la depresión que sufre mi casa, por la falta de orden que hay en ella. El caos se manifiesta en el desorden y en mi desorden mental. No me gusta el estancamiento, ni acostarme dormir menos de ocho horas.

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