… Ahora que estoy solo…
Vivo solo hace casi un año. El primero de enero del 2010 decidí irme de la casa de mi madre, en la que había vivido por los últimos 26 años de mi vida. La compañía constante de la madre ausente, ya me estaba agobiando un poco. Varias razones rondaron a mi decisión de marcharme, pero fundamentalmente fue ese placer de saborear la libertad una vez más. Tener en las manos un pedazo de independencia, por esos días, me llenaba el rostro de felicidad. Una sonrisa, cual ebrio en el licor más intenso, que con solo unas gotas me dejaba estúpido de placer. Así andaba por las calles, que ahora son las de mi barrio, después de haber visitado el departamento que sabía que era para mi, y que aún no podía creer lo barato que costaba.
Mi primer departamento, mi primer pie fuera del útero. Lo disfruté tanto en un principio, a pesar de los duros momentos que estaba pasando. En ese tiempo terminaba mi trabajo de título para obtener el grado de ingeniero civil, en una prestigiosa universidad. Tras años de muchas evaluaciones, cursos aprobados y millones de horas invertidas (y pesos también), llegaba la hora de hacerse de paciencia y escribir un documento técnico sobre la ingeniería civil. Además del documento ese y todos los trámites que conllevaba (reuniones, correcciones, prorroga de plazos, modelaciones, experimentación, peleas, llantos, gritos, etc), tenía que amoblar mi departamento. Durante meses me conformé con la cama y el escritorio, en donde mi vida se llevaba. Tarde mal y nunca ordenaba. No sé como sobreviví a ese periodo. Mi objetivo: terminar mi trabajo de título.
Hoy en día, después de tres meses de haber terminado ese periodo, siento que he perdido el norte. En realidad, el norte no se perdió, lo que sucedió es que llegué al norte, y ahora “mi vida no tiene sentido”, mi vida no va a ningún lado. Necesito tener un objetivo, pero antes, debo ver en que situación me encuentro.
Es medio día, alrededor de las 13:30. Recién salí del trabajo en el que estoy desde hace más de un año. Hoy decidí irme en bicicleta. En el camino iba pensando en mi vida, en lo que tengo, en lo que quiero, y en lo que podría perder. Al igual que en la casa de mi mamá, siento que tengo la compañía de algo o alguien ausente. Hay una compañía ficticia “por cercanía”. A qué me refiero. Por ejemplo, cuando vivía con mi madre siempre sentí su compañía, aunque ella nunca estuviese ahí para mí. Siempre sentí que me protegía, me cuidaba, o se encargaba de todo aquello que yo no le tomaba importancia. Es como la compañía de “Dios”. Desde que me fui de su casa, sigo sintiendo la compañía de ese algo “superior” (más que superior, es algo etéreo, sin forma ni atribuible a un individuo en particular), de esa ilusión de “no soledad”. Eso es una de las cosas que tengo, y que no me gustaría perder. No es que quisiera tener la cercanía de mi madre o de otras personas, en realidad es como una fobia quizás (ahora que lo pienso). El otro día, no recuerdo con quién hablaba, y me comentaba que las fobias son el deseo de hacer algo; por ejemplo, vértigo es las ganas de tirarse al vacío. Creo que eso es un poco lo que a mí me sucede, tengo miedo a perder esa “no soledad” pues quiero estar solo. Bueno en realidad no lo sé.
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Sobre la bicicleta, pensando en lo que tengo, quiero y podría perder, no es coincidencia. Tengo una ambición, una decisión, un punto de inflexión en mi vida que no sé si recorrer. Siento que es bastante arriesgado, pero no tengo idea que hacer. Quiero tomar riesgos, pero al mismo tiempo no quiero perder. Mi instinto no apunta hacia ningún lado. La pregunta raíz es, ¿qué hacer con mi vida? ¿Ahora que tengo un título universitario, qué hago?
Mis aspiraciones no son casarme, conocer gente, o montar la empresa más grande de ingeniería. Mis ambiciones no son el acuñar un montón de dinero, ser millonario y tener una casa gigante. Mi deseo es viajar por el mundo, vivir en varias ciudades, conocer lugares, culturas y gente diferente; hablar muchos idiomas, olvidar otros; experimentar cosas nuevas, ser feliz con pobreza, y gozar la riqueza; ser un soñador del mundo. Me gustaría tomar la decisión adecuada para seguir ese paso. Deseo que se presente la oportunidad luego. ¿Cuándo será?
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